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Argentina vs Uruguay: Elegirán el Mejor Queso Rioplatense

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Del queso Colonia al Parmesano, así es como se elige al que se llevará la medalla de oro rioplatense. Quesos argentinos y uruguayos competirán en un reñida lucha para buscar al mejor queso.

El queso se sirve en el centro de la mesa y de inmediato cinco pares de ojos se posan en él. Los jueces, vestidos con túnicas blancas, lo giran, lo inclinan, lo agarran con sus manos e inspeccionan todos sus agujeros y pliegues. Con el pulgar y el índice –y sin perder la delicadeza ni la solemnidad del momento–toman un trozo y lo pasean frente a sus narices. Cierran los ojos y por unos segundos el tiempo se detiene. Lo visual desaparece y el cuerpo se concentra en el olor de esa porción de lácteo.

La búsqueda del queso perfecto no es fácil y quienes tienen tras sus hombros la tarea de encontrarlo año a año son los jueces. Y sentenciar quesos lleva conocimiento, tiempo y preparación.

«Cada queso tiene un ideal», explica el argentino Marcelo Lioi, director de Producción Láctea del Ministerio de Asuntos Agrarios de Buenos Aires y comisario del XVI Concurso Internacional de Quesos del Uruguay que termina el domingo en Colonia Valdense y donde compiten productos de ambas orillas.

¿Cuán salado debe estar? ¿Cómo tiene que ser su textura? ¿Cuántos agujeros debe poseer un colonia? ¿Qué tan intenso ha de ser el sabor de un parmesano? Todas estas preguntas y más son evaluadas por los jueces.

Adiestrar a los Sentidos

Pero si el gusto es algo subjetivo, ¿cómo se puede saber cuál es el queso ideal? «Si no sos objetivo, no podés estar jurando», dice la técnica en lechería Laura Honegger. «Se trata de que des con la mejor objetividad posible qué es lo que tiene ese queso, qué se sale o que realmente está en el parámetro que tiene que tener para poder ser bien jurado», agrega.

Los jueces reciben entrenamiento de la Facultad de Química de la Universidad de la República y, en algunos casos, pertenecen a la Asociación Uruguaya de Técnicos en Lechería. Su tarea es desglosar cada queso en categorías según su tipo, para descomponerlo y evaluarlo con sus sentidos como instrumento. De esta forma, se establece un estándar o modelo para cada categoría. Se analiza apariencia, textura y flavor. Este último abarca al olor, la intensidad, el aroma, el gusto salado, amargo y ácido, y la sensación picante, además del gusto residual o retrogusto.

Para este concurso, un total de 20 jueces evalúan a los 78 quesos de 42 tipos diferentes que presentaron los concursantes de Argentina y Uruguay. Sentados en cuatro mesas de degustación, a cada una le toca un tipo de queso más pan, agua y manzanas verdes, los cuales sirven para «limpiar» la boca entre cata y cata. La evaluación puede llevar, en promedio, alrededor de media hora por queso.

A Prueba

Así como los quesos crema se prueban en tostadas, la muzzarella tiene un desafío extra: el calor. Dado que lo más probable es que se consuma derretida, los jueces deben tantearla para ver qué tanto resiste al horno. Para ello, la estiran y ven qué tan flexible es. Si una hebra llega a entre 20 y 30 centímetros de largo, está bien hecha.

A su vez, también se estudia con detenimiento su adherencia a una tostada. Es que nadie que coma una pizza quiere quedarse con el queso en la mano. Una buena muzzarella se pega al alimento que está acompañando.

Para el queso colonia, la apariencia indica más de lo que parece. Los agujeros, por ejemplo, deben ser uniformes, redondos y ni muy grandes ni muy chicos.

Medalla y Reconocimiento

Para los productores, que se mantienen al margen del concurso y no aparecen ni en la etiqueta de los quesos al momento de la evaluación, el concurso es en muchos casos un buen insumo para mejorar. La devolución que el jurado les hace es la opinión experta sobre el alimento que comercializan, así que, pierdan o ganen, obtienen un beneficio por participar. Para los ganadores, la certificación que reciben sus quesos es una promesa de calidad que llega a los consumidores y valida su precio.

De la granja a la góndola el conocimiento y experticia se diluyen. Por eso, este concurso también apunta a determinar cuáles son productos de calidad y que los comensales aprendan a elegir un buen queso. «Un queso es un material vivo que está en contacto frecuente con la atmósfera. Tiene que estar bien presentado en la góndola del supermercado, debe tener la temperatura indicada, tiene que estar en frío y bien envuelto», indica Facundo Ferro, comisario del concurso y gerente de la Agencia de Desarrollo del Este de Colonia.

Los jueces toman nota. Se llevan el queso a la boca y lo balancean bajo su paladar. Eligen un puntaje del uno al cinco y lo ponen en común, para llenar una tablilla que se computa y luego definirá qué productores se llevarán las medallas de oro, plata y bronce, que se darán a conocer hoy viernes a las 22 horas.

¿Cómo elegir un buen queso?

  • Color. La masa tiene que ser homogénea, al igual que el color, que no debe tener manchas.
  • Forma. No puede estar aplastado ni tener abolladuras.
  • Temperatura. Si el envase del queso está hidratado, quiere decir que hubo un problema con la cadena de frío.
  • Agujeros. Con el colonia, los agujeros no deben ser ni muy grandes ni muy pequeños. Deben ser redondos, por lo que, si son pequeños y dispersos, es probable que tenga algún defecto de fabricación.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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