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Uruguay se Consolida como Exportador de Ganado en Pie a Diversos Países

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El mes pasado los Charrúas exportaron 58.349 bovinos en pie, en su mayoría terneros enteros con destino a Turquía y también se registró la primera exportación de ganado en pie uruguayo a Irak, mercado recientemente abierto.

Este negocio estuvo compuesto por 3.505 terneros en pie para faena inmediata en Irak, según confirmó el Departamento de Control de Comercio Exterior del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca del Uruguay. A eso se sumó el envío de 14 vaquillonas Charolais con destino a genética en Paraguay y seis ovejas Texel con el mismo destino, según confirmó la misma fuente.

En los últimos dos años los embarques de ganado en pie uruguayo lograron niveles récord y en 2017 el volumen exportado fue equivalente al 11% de la faena nacional, cuando entre el ejercicio 1991/92 y 2014/15 las exportaciones de ganado en pie promediaban el 4% del total de la faena, según destaca un informe de José Bervejillo publicado en el Anuario 2017 de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa).

Uruguay habilitó la exportación de ganado en pie en la década del 90, pero en ese entonces eran ocasionales. A diferencia de lo que pasa ahora, al principio las exportaciones estaban conformadas por animales para faena, principalmente a Brasil. Hoy Uruguay exporta terneros y novillitos para recría y engorde en Turquía o Egipto. En la década del 90 el peso vivo de exportación estaba en 470 kilos mientras que hoy el promedio son 280 kilos. En Turquía el ganado uruguayo compite con éxito con el exportado por Francia, Hungría y Australia.

No hay que olvidarse de la exportación de vaquillonas lecheras, principalmente a Brasil y China, un desahogo importante para los tamberos. Estos negocios posicionan a Uruguay como un importante exportador de genética. Es el único país de Sudamérica que coloca vaquillonas lecheras en pie en el gigante asiático.

A nivel de empresas, son cuatro las que concentran el 96% de las exportaciones totales, según ramarca el trabajo de Opypa. Si se ordenan los productores de acuerdo con cuánto ganado vende cada uno a los exportadores, se comprueba que, de los 1.058 ganaderos participantes, los 4 mayores exportadores concentran el 55% de las ventas y el 70% del total de ganado enviado a los exportadores proviene de 20 proveedores. El trabajo de Opypa también recuerda que la oferta de terneros es inelástica en el corto plazo, por lo que un shock de demanda tendría un efecto al alza en los precios mayor o menor, dependiendo de qué tan importante sea la demanda adicional.

Se concluye que la exportación en pie, vigente desde 1990 no fue un impedimento para el crecimiento de la producción, ni de la faena, así como tampoco parece estar asociada a una pérdida de participación en el valor generado por la cadena o de algunos agentes en detrimento de otros.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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