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¿Cómo se hace un buen uso de garrapaticidas?: la experiencia uruguaya

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En la Jornada Nacional sobre Residuos de Garrapaticidas y Riesgos para la Cadena Cárnica Uruguaya, realizada en Montevideo por la DGSG (MGAP) y la Facultad de Veterinaria, la encargada del Departamento de Control de Productos Veterinarios (DILAVE) detalló qué exigencias deben cumplir los garrapaticidas para ser aprobados, cómo se determinan los tiempos de espera y por qué el cumplimiento estricto de la etiqueta es determinante para proteger la inocuidad y los mercados.

Natalia Cardozo, encargada del Departamento de Control de Productos Veterinarios del MGAP —dependiente de DILAVE (DGSG)—, abordó el rol del registro y el buen uso de medicamentos veterinarios como pieza central para prevenir residuos en carne.

Cardozo remarcó que el control de productos veterinarios se apoya en la normativa vigente —incluido el Decreto 160/97, actualmente en proceso de revisión y actualización— y explicó que el departamento no solo registra, sino que también habilita y fiscaliza establecimientos que elaboran, almacenan, importan, exportan y comercializan productos veterinarios.

Un registro “con pruebas”, no solo con papeles

Al describir el proceso, señaló que toda solicitud debe estar respaldada por un dossier con evidencia técnica: seguridad, eficacia, toxicidad, calidad, estabilidad, dosificación y, cuando corresponde, estudios de residuos. El trámite incluye instancias de evaluación, observaciones y respuestas, y puede culminar con un certificado provisorio para importar o elaborar un primer lote, que luego se analiza antes de otorgar el registro por 10 años.

Garrapaticidas: exigencias extra por ser campaña oficial

En el caso de los garrapaticidas —por tratarse de una campaña sanitaria reglamentada— explicó que existen requisitos adicionales definidos por resoluciones de la DGSG. Entre ellos, destacó que la eficacia debe ser igual o superior al 95%, y que se evalúa también el poder residual.

Detalló, además, dos pruebas clave:

  • Prueba de establo (oficial, DILAVE-Parasitología): compara animales tratados y controles, midiendo caídas de garrapatas y evaluando el impacto sobre el índice reproductivo (oviposición y eclosión).
  • Prueba de stripping (baños de inmersión): analiza cómo se comporta la concentración del principio activo durante varios tratamientos, considerando degradación, arrastre y condiciones del baño.

Residuos y tiempos de espera: dónde se define la “carencia”

Cardozo explicó que las pruebas de residuos permiten establecer el tiempo de espera, garantizando que el principio activo y/o metabolitos estén por debajo de los límites máximos de residuos definidos por referencias internacionales y por el Plan Nacional de Residuos Biológicos, atendiendo exigencias de mercados.

Describió cómo se construye la evidencia (animales sanos, grupos de muestreo, faenas en distintos tiempos para obtener la curva de depresión, análisis de tejidos como músculo, hígado, riñón y grasa) y subrayó la idea operativa: si el producto se usa como fue registrado, el alimento es inocuo.

“No todos los principios activos están aprobados como garrapaticidas”

Uno de los puntos más prácticos de su presentación fue la advertencia sobre el uso de productos que no están registrados para ese fin. Puso como ejemplo a las lactonas macrocíclicas, aclarando que no todas están aprobadas como garrapaticidas y que, en determinados rangos de concentración o dosis, deben cumplir exigencias específicas para ser consideradas como tales. Por eso, insistió en verificar indicaciones y registros oficiales disponibles para consulta pública.

Buen uso: la etiqueta como contrato sanitario

Cardozo sintetizó el mensaje con una afirmación directa: “los acaricidas no producen residuos: los produce el mal uso”. En esa línea, enumeró prácticas críticas:

  • Leer y respetar la etiqueta (dosis, frecuencia, vía de administración y tiempos de espera).
  • Usar solo productos registrados y para el uso indicado (ej.: no cambiar aspersión por inmersión).
  • Evitar sobredosificación, repeticiones innecesarias y subdosificación (que además favorece resistencias).
  • Respetar plazos de validez del producto.

También alertó sobre un desafío estructural: los acaricidas químicos son un recurso “no renovable” por el avance de resistencias y por la escasa aparición de nuevas moléculas, debido a prioridades globales de investigación.

Finalmente, adelantó que en la reglamentación en actualización se prevé la incorporación obligatoria de un sticker octagonal para productos con más de 40 días de tiempo de espera, como forma de reforzar la advertencia y el uso responsable.

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Desarrollan una molécula que podría disminuir la carga de Escherichia coli en bovinos

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Investigadores del Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular (IABIMO) y el Instituto de Patobiología Veterinaria (IPVET) desarrollaron una molécula innovadora que podría ayudar a disminuir la presencia de Escherichia coli en el ganado y reducir el riesgo de contaminación de alimentos y agua. El avance apunta a prevenir casos de Síndrome Urémico Hemolítico, una enfermedad que afecta especialmente a niños.

Con aproximadamente 500 casos por año en la Argentina, el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) es la primera causa de insuficiencia renal aguda pediátrica en el país y la segunda de insuficiencia renal crónica. El principal agente causante es Escherichia coli enterohemorrágica (EHEC) con serotipo O157:H7, una bacteria cuyo principal reservorio son los bovinos. El ganado generalmente no se enferma, pero excreta la bacteria de forma intermitente a través de sus heces, contaminando pasturas, fuentes de agua y, eventualmente, algunos alimentos. Los terneros jóvenes y los animales en etapa de destete son los mayores excretores.

“El principal objetivo era generar anticuerpos que bloqueen el mecanismo de virulencia de esta bacteria para evitar que colonice el intestino de la vaca y que los bovinos dejen de contaminar el ambiente y alimentos”, explicó Mariano Larzábal, investigador del IABIMO (INTA-CONICET).

Después de más de una década de investigación, el equipo identificó dos proteínas clave del sistema de secreción de tipo III (SST3) de EHEC — denominadas EspB e Intimina como los blancos más eficaces para bloquear la colonización intestinal del ganado. Los experimentos iniciales, tanto in vitro como en animales demostraron que anticuerpos dirigidos contra estas proteínas eran capaces de neutralizar uno de los mecanismos de virulencia de la bacteria y reducir significativamente su excreción fecal.

La forma que aplicaron fue fusionar ambas proteínas en una única molécula artificial: Quimera. “La llamamos Quimera porque es la combinación de dos proteínas distintas en una sola molécula que, como tal, no existe en la naturaleza”, comentó Ángel Cataldi, investigador del IABIMO y uno de los impulsores del proyecto.

En ensayos preliminares de respuesta inmune se comprobó que la Quimera proteica es capaz de generar respuesta a nivel de anticuerpos en bovinos y que estos anticuerpos, además de reconocerla, también son capaces de reconocer a las proteínas originales por separado y mantienen la capacidad de disminuir la acción de EHEC O157:H7 en cultivos celulares.

Uno de los desafíos históricos de las vacunas anti-EHEC ha sido convencer al sector ganadero de su utilidad: el bovino no es usualmente afectado por esta bacteria, por lo que vacunar implica un costo sin beneficio directo visible para el productor.

Teniendo en cuenta estos planteos, se ha pensado una alternativa de vacuna que podría mejorar su receptividad y hacerla más económica que una constituida únicamente por subunidades recombinantes. Esto implicaría la expresión de la molécula quimérica en la membrana externa de una bacteria que ya forma parte de una formulación vacunal de interés pecuario, para que de ese modo quede disponible en el exterior del microorganismo y pueda ser detectada por el sistema inmune del animal y no genere un gasto extra para el productor.

El desarrollo ya superó las etapas de laboratorio y modelos animales pequeños. Se está trabajando en la fase de bacterias recombinantes que expresen la quimera. Los resultados preliminares son alentadores y se espera que en la siguiente etapa se pueda probar en animales a campo.

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