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Inocuidad alimentaria: la importancia de la detección de metales en alimentos para la exportación

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Del 6 al 10 de julio, el Laboratorio Nacional de Insumos Agropecuarios (LANIA) del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) fue escenario del Taller Regional para la Armonización de Métodos de Análisis de Metales Pesados, un encuentro que reunió a especialistas de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, con el propósito de fortalecer las capacidades analíticas de los laboratorios oficiales de la Comunidad Andina (CAN) y avanzar hacia protocolos estandarizados que garanticen la inocuidad de los alimentos destinados al comercio internacional.

Esta iniciativa representa un paso importante para consolidar sistemas de control más confiables, proteger la salud de los consumidores y fortalecer la competitividad de los productos agropecuarios de la región, promoviendo una producción agroalimentaria más segura, sostenible y con mayores oportunidades para los productores.

La confiabilidad de los alimentos de exportación no depende únicamente de su calidad sanitaria, sino también de la aplicación de metodologías estandarizadas que permitan identificar y cuantificar la presencia de metales pesados en productos agrícolas de origen primario. La determinación de estos contaminantes constituye uno de los principales requisitos para acceder a mercados internacionales, especialmente aquellos con altos estándares de inocuidad.

Durante las jornadas de trabajo, los participantes fortalecieron sus conocimientos técnicos para la implementación de metodologías analíticas armonizadas que permitan identificar la presencia y el tipo de metales pesados en frutas, hortalizas, vegetales y tubérculos, garantizando resultados confiables, comparables y acordes con los estándares internacionales.

La capacitación fue orientada por el doctor Fernando Lafont, director del Laboratorio de Espectrometría de Masas y Cromatografía de la Universidad de Córdoba (España), quien lideró sesiones teóricas y prácticas basadas en metodologías utilizadas por laboratorios de referencia de la Unión Europea. A través de ejercicios interlaboratorios y ensayos compartidos, los profesionales fortalecieron sus competencias para obtener resultados con altos niveles de precisión, trazabilidad y confiabilidad.

Contar con un protocolo armonizado para los países de la Comunidad Andina, reconocido internacionalmente, permitirá establecer criterios técnicos comunes, optimizar los procesos de vigilancia y reducir el riesgo de rechazos de productos en los mercados de exportación. Esto se traduce en mayores oportunidades para los productores, mayor confianza y un aporte al desarrollo económico de los países de la región.

Para el ICA y el Laboratorio Nacional de Insumos Agropecuarios (LANIA), este encuentro fortalece el trabajo articulado que se lleva a cabo con la Comunidad Andina para consolidar capacidades técnicas en materia de inspección, vigilancia y control de alimentos.

Estas acciones contribuyen a garantizar una producción más segura para los consumidores, respaldar el acceso a los mercados internacionales y avanzar en la construcción de un campo más competitivo, incluyente y sostenible, aportando a la seguridad alimentaria y a la transformación del sector agropecuario.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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