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Acciones Sanitarias de Prevención Mantienen a Moquegua Libre de Peste Porcina Clásica

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En contribución al desarrollo de la porcicultura del país, el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SENASA) anunció que la erradicación de la peste porcina clásica en la región Moquegua registra un avance significativo, ya que por más de 10 años no se ha registrado casos positivos a esta enfermedad que ataca a los cerdos.

Año tras año, los especialistas han integrado acciones sanitarias como campañas de vacunación, vigilancia activa, capacitaciones y atención de notificaciones que han permitido brindar un seguimiento oportuno a los posibles casos en la región.

Durante este año se ha logrado vacunar a 27 336 cerdos, dando cobertura a 20 distritos pertenecientes a las provincias de Sánchez Cerro, Ilo y Mariscal Nieto; localidades en donde la crianza se caracteriza por desarrollarse al aire libre, en el campo, utilizando principalmente la mano de obra familiar.

Hasta el momento, son 1859 productores de la ganadería familiar beneficiados, quienes además de inmunizar a sus porcinos recibieron recomendaciones para lograr mejoras en la producción porcina, en aspectos fundamentales como la alimentación, instalaciones, manejo, sanidad, reproducción entre otros temas.

Vigilancia sanitaria

Esta actividad comprende acciones como el muestreo de órganos o tejidos que se colectan en campo, centros de beneficio y/o en lugares de crianza seleccionadas al azar.

Estas acciones se realizan para reforzar las condiciones sanitarias de los criadores de porcinos y descartar la presencia de enfermedades como Peste Porcina Africana, Peste Porcina Clásica, PRRS entre otros. El rol que cumple el productor con la notificación de ocurrencias es fundamental para la inmediata atención.

Entre las medidas preventivas para impedir el ingreso y propagación de la Peste Porcina Africana (PPA) al país, personal del SENASA viene visitando la crianza de traspatio para informar sobre el peligro de alimentar cerdos con desperdicios de origen animal crudos, provenientes de mataderos, restaurantes, así como de botaderos de basura, ya que podrían estar contaminados con el virus.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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