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Reducen la velocidad en que se derriten los Helados

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Usando micropartículas, científicos lograron reducir la velocidad en que se derriten los helados hasta en un 50 %. Esta innovación en el sector de los alimentos lácteos ofrece múltiples beneficios para los productores.

Gracias a la tecnología de microencapsulación llevada al sector de alimentos, Nexentia, empresa de Corona, y el Grupo de Coloides de la Facultad de Ciencias Farmaceúticas y Alimentarias de la Universidad de Antioquia, crearon una nueva fórmula del producto Eficaps®, que reduce el derretimiento de los helados.

Esta formula, que duró dos años en desarrollo, está compuesta de carbonato de calcio con proteína láctea y polisacáridos. El coordinador del Grupo de Coloides, Herley Casanova Yepes, explicó en qué consiste el proceso de microencapsulación.

Usualmente, la masa de los helados puede derretirse en un 20 por ciento los primeros 30 minutos, a una temperatura de 20 °C, generándose la primera gota de helado derretido a los 7 minutos. La nueva fórmula reduce el derretimiento del helado a 10 por ciento en los primeros 30 minutos y la generación de la primera gota luego de 12 minutos.

Entre los beneficios de Eficaps® como ingrediente para la elaboración de helados, se destacan el retraso de la formación de cristales por congelación y una mejoría en la textura, que a su vez facilita que se sirvan. Además se reducen los costos de producción y se presenta otra alternativa para los consumidores.

Adicionalmente posibilita el ahorro de los productores de helado, dado que logra la reducción del derretimiento a bajas concentraciones de microcápsulas (0,25 por ciento) frente a otros productos que llegan a contener hasta 5 por ciento, explicó el profesor del Instituto de Química de la Universidad.

Con esta innovación, Nexentia y la Universidad de Antioquia ofrecen a los grandes y pequeños productores de helados una solución a un problema que tiene la industria heladera del país y que dificulta en ocasiones que el producto llegue a su destino final en buenas condiciones.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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