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El futuro del helado: innovación y tecnología para un mercado en crecimiento

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El consumo de helado en Latinoamérica ha experimentado un crecimiento sostenido en los últimos años. Según la firma Informes de Expertos, este mercado alcanzó un valor estimado de más de 4.250 millones de dólares en 2024, mientras que en Perú, el sector superó los 800 millones de soles en ventas, con un consumo aproximado de 2 litros por habitante.

Además, se proyecta que, entre 2025 y 2034, la industria del helado en el país registre un crecimiento anual del 4,2%, impulsado por la diversificación de la oferta, las nuevas tendencias globales y el cambio en los hábitos de consumo de los peruanos. Este escenario ha llevado a los productores a desarrollar alternativas más sofisticadas y adaptadas a un mercado en constante evolución.

En este contexto, Tetra Pak, compañía reconocida mundialmente por sus soluciones de envasado y procesamiento de alimentos, se ha consolidado como un aliado clave para los productores de helado en la región. Gracias a sus soluciones tecnológicas innovadoras, la compañía está transformando la manera en que las empresas procesan, envasan y comercializan sus productos.

Edwin Rozo, director de servicios de Tetra Pak, señala que en la actualidad, proporcionan una gama de insumos y equipos diseñados para mejorar la producción y el envasado de helados, permitiendo a las empresas del sector optimizar sus procesos y ofrecer productos de alta calidad a los consumidores. El especialista destaca, además, cuatro soluciones principales:

Tetra Pak Ice Cream Formulation. Esta herramienta mejora las recetas de helado mediante una lista detallada de parámetros de control esenciales. Lo cual, permite no solo seleccionar la receta adecuada, sino también comprender y potenciar sus características, identificando aspectos cruciales como la cristalización de lactosa, la dureza del producto, el porcentaje de grasa y la presencia de lactosa en el agua.

Estabilizantes y emulsificantes. Son aditivos que aseguran la calidad y consistencia del producto final. Mantienen la textura suave y cremosa del helado y evitan la formación de cristales de hielo grandes que podrían afectar negativamente la experiencia del consumidor. Además, contribuyen con un entorno de producción más limpio y seguro, facilitando su manipulación y dosificación. Al reducir el riesgo de contaminación se mejora la higiene en el proceso de producción lo cual es clave para la industria.

Suero de leche funcionalizado. Es utilizado como sustituto funcional de la leche en polvo desnatada en la producción y ofrece una variedad de niveles de proteínas y funcionalidades, permitiendo a los fabricantes ajustar sus recetas para obtener los resultados deseados. Además, prolonga el tiempo de derretimiento del helado, lo que es crucial para mejorar la experiencia del consumidor y la vida útil del producto.

Consumibles e ingredientes. Engloba una amplia gama de productos que potencian tanto la presentación como la experiencia de consumo. Entre ellos se incluyen mezclas lácteas con alto contenido de proteínas, así como palitos, cucharitas, conos, fundas, galletas para sándwich de helado, coberturas de chocolate y frutas, entre otros. Cada uno de estos elementos contribuye a elevar la calidad del producto y amplía las posibilidades creativas para que los fabricantes innoven y diferencien sus ofertas en un mercado competitivo.

En el Día Mundial del Helado, la celebración adquiere un matiz especial al evidenciar cómo la tecnología y la innovación se han convertido en aliados indispensables para potenciar esta industria. “Con iniciativas que abarcan desde la formulación precisa de recetas hasta el uso de consumibles que enriquecen la experiencia final, buscamos contribuir a que el sector se posicione en una ruta de crecimiento continuo en toda la región”, finalizó Edwin Rozo.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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