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Nueva Zelanda ha Registrado la Producción de Leche más alta de su Historia con una Menor Cantidad de Vacas

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Según un informe anual de Estadísticas Lecheras de Nueva Zelanda publicado por DairyNZ y Livestock Improvement Corporation (LIC), el volumen total de leche, el total de sólidos lácteos y la producción por vaca fueron los más altos registrados en la temporada 2020-2021.

De acuerdo con el director ejecutivo de DairyNZ, Tim Mackle, es maravillo ver una continuación de la tendencia de “más leche de menos vacas” porque muestra un enfoque continuo en ordeñar vacas, así como una agricultura y ganadería aún más sostenible, amigable en el medio ambiente enfocada en las menores afectaciones al cambio climático.

Mackle asegura que “los agricultores se centran en desarrollar vacas y sistemas agrícolas más productivos y eficientes, con una huella ambiental más ligera”. Además, el empresario añade que “quieren conservar nuestro sistema único de cultivo basado en pastos y seguir siendo líderes en el mundo”.

Hoy el país de Nueva Zelanda tiene 4.9 millones de vacas lecheras, frente a los 4.92 millones de la temporada anterior a la mencionada. Este país produjo 1.950 millones de kilogramos de sólidos totales.

Las condiciones climáticas favorables contribuyeron a un buen crecimiento de las pasturas, mientras que el aumento de los precios de la leche significó que muchos agricultores extendieran su temporada de ordeño en 2020/21.

El director ejecutivo interino de Livestock Improvement Corporation (LIC), David Hazlehurst, dice que la mayor aceptación de los servicios de mejora del hato ganadero en Nueva Zelanda demuestra la intención y el enfoque que tienen los ganaderos en producir los animales cada más sostenibles y eficientes, no solo para la explotación, sino también para el mercado.

Este importante empresario asegura en el portal TheCattleSite que “la temporada de apareamiento siembre ha sido un momento importante para que las vacas se conviertan en terneros, pero ahora, con un enfoque en la calidad de la vaca sobre la cantidad, más productores están invirtiendo en genética Premium para ayudar a garantizar que su próxima generación de reemplazos sea más eficiente que la anterior.

Hazlehurst afirma que los toros jóvenes, seleccionados genéticamente y el semen sexado, que generan reemplazos femeninos de las mejores vacas, son ejemplos de las herramientas de alto impacto que los productores están adoptando para aumentar la tasa de ganancia genética en sus explotaciones ganaderas.

Esto quiere decir que este país se está acercando al tan anhelado producir más con menor cantidad de recursos, en este caso de animales. Lo cual contribuye de forma directa con los objetivos que se tienen a nivel mundial de disminuir el impacto del cambio climático y evitar que se sigan produciendo alimentos que vayan acorde con la sostenibilidad.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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