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¿Está en riesgo la producción de leche y carne en Europa?

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La nueva normativa europea sobre deforestación siembra más dudas que certezas a la producción mundial de alimentos.

El 31 de diciembre entra en vigencia la EUDR, la nueva normativa de la Unión Europea sobre deforestación, que prohibirá el ingreso de productos agropecuarios al bloque producidos en lugares que no logren certificar ser libres de deforestación desde el año 2020 poniendo en riesgo la producción de alimentos.

La normativa aprobada el año pasado todavía no ha logrado despejar las dudas de los países exportadores de commodities agropecuarios como es específicamente el Mercosur, ni de los propios productores europeos que temen una fuerte caída en sus negocios.

No es intención de esta columna discutir las buenas intenciones de la normativa, sino su factibilidad y las consecuencias que puede provocar. Pero no se puede pasar por alto que la norma proviene de un bloque de países que durante siglos sobrexplotó recursos naturales, propios y ajenos, y cuando le quedan pocos recursos propios para proteger sea la que condicione al resto del mundo en aras de la defensa de los bosques nativos.

La historia de esta normativa tuvo su comienzo a principios de esta década, cuando activistas de Greenpeace junto a más de 100 organizaciones medioambientales y de justicia social se unieron para exigir que los productos de la destrucción de los bosques se mantengan fuera del mercado de la UE.

El mensaje enviado por estas agrupaciones representa el espíritu de la normativa aprobada el año pasado, en su proclama decían:

“No pedimos que se prohíban estos productos, queremos seguridad de que proceden de contextos de sostenibilidad y respeto de los derechos humanos. Pero para eso necesitamos una legislación europea fuerte. La UE debe desempeñar un papel de liderazgo en la protección de los bosques y otros ecosistemas del mundo. Si no detenemos la deforestación, la degradación de los bosques o la conversión y degradación de otros ecosistemas, podríamos perder nuestra lucha contra el cambio climático y agravar la crisis de la biodiversidad.”
Como vemos, los sensibles legisladores europeos escucharon, y actuaron. Ahora, se acerca la hora de la verdad y las dudas sobre su viabilidad crecen.

¿Cómo sostener la producción de leche y carne en europa?

Europa es sobre productor de los principales alimentos que necesitan sus pobladores. Tiene excedente productivo en productos lácteos, carne aviar y de cerdo, huevos, cereales y está muy cerca de cubrir su cuota de azúcar. Pero esta “soberanía alimentaria” pende de un hilo.

Europa solo produce el 8% de la harina de soja que consume. Claramente no son los europeos los que consumen de manera directa harina de soja, sino que ésta es utilizada para los piensos de su producción pecuaria.

Aquí el gran interrogante, podrá Europa alimentar sus vacas, sus cerdos, sus pollos con esta nueva normativa.

La nueva normativa exige la geolocalización y certificación de las parcelas de donde proviene cada grano de soja, algo que puede resultar inviable para muchos pequeños productores de Sudamérica. Y Estados Unidos ha manifestado que no piensa suministrar esa información por considerarla muy sensible.

La multa por no cumplir esta exigencia está establecida en un 4% de la facturación total. Hablamos de millones. Estarán los importadores dispuestos a pagarlos o lo querrán cargar a los exportadores. Hoy en Europa no están cerrando contratos de abastecimiento de soja para el año que viene y hay muchas voces que están manifestando su preocupación por las dudas sobre cómo se alimentarán los animales el año próximo.

Hay otros productos además de la soja o de la carne que están en riesgo, el cacao, el aceite de palma, el café. La normativa todavía no ha despejado todas las dudas y la fecha de aplicación se acerca.

Europa tiene tiempo para pensar en la factibilidad de la norma y no quedarse solo con las buenas intenciones. Hoy están en riesgo tanto pequeños productores sudamericanos como los consumidores europeos que corren serios riesgos de ver más caros sus alimentos.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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