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FAO: Hoja de Ruta para Combatir las Zoonosis Emergentes

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Los expertos de la FAO se centran en frenar las «zoonosis emergentes», es decir las nuevas enfermedades transmitidas por animales al ser humano que vienen surgiendo en el mundo, como el Ébola y el MERS.

La amenaza de enfermedades infecciosas transmitidas por animales, como el Ébola y el coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) tiene visos de continuidad, y en el futuro pueden producirse más brotes y sin duda aparecerán nuevas amenazas, según advirtió hoy Juan Lubroth, Jefe del Servicio veterinario de la FAO, preguntándose si el mundo está preparado para detectarlas y evitar su propagación.

Para evaluar y gestionar mejor este tipo de brotes en el futuro, los responsables de las políticas deben fomentar un programa de investigación integrado que determine lo que sabemos y lo que sobre la dinámica de transmisión y los patrones de propagación de las dos epidemias recientes, así como promover la colaboración y redes de vigilancia y diagnóstico más sólidas, según la FAO, que gracias a los fondos y el patrocinio de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), reunió este mes en Roma a investigadores y responsables de políticas de todo el mundo en unas jornadas técnicas sobre el Ébola y el MERS.

«Existen varias lagunas importantes en nuestro conocimiento de cómo se transmiten estas enfermedades, tanto para los seres humanos como para las potenciales especies animales huéspedes, así como sobre su epidemiología y el riesgo que pueden suponer para la inocuidad alimentaria, así como la seguridad alimentaria de las poblaciones que dependen de la ganadería o la caza», señaló Lubroth.

La FAO insta desde hace tiempo a intensificar la colaboración y el intercambio de información. Las reuniones de este mes fueron más allá, tratando temas que incluyeron desde métodos diagnósticos epidemiológicos y de laboratorio a las cadenas de suministro y estudios de comportamiento. Los participantes contribuyeron a elaborar un mapa integrado de las actividades en curso y previstas en el ámbito de la investigación de laboratorio, desarrollo de ensayos, vigilancia, formación, comprensión de las prácticas de riesgo e identificación de medidas preventivas.

La investigación es clave para comprender y mitigar el riesgo de enfermedades infecciosas emergentes en animales y humanos, según Andrew Clements, Asesor Técnico de la Oficina para la Salud Global de la USAID. «Un elemento clave –dijo- de la comprensión del riesgo está en coordinar el uso de diagnósticos y vigilancia de animales y humanos y comprender cómo las cadenas de valor de los animales pueden contribuir a la propagación de enfermedades de los animales a las personas».

«Al mismo tiempo, debe fortalecerse la capacidad de los países para prevenir, detectar y responder a las amenazas de enfermedades infecciosas. La FAO y la USAID han trabajado juntos con éxito durante los últimos 10 años para llevar a cabo este tipo de actividades», añadió Clements, poniendo como ejemplo la respuesta a la gripe aviar H5N1 en Asia.

El Servicio de Sanidad Animal de la FAO está promoviendo un esfuerzo concertado para identificar exactamente qué animales sirven como reservorios o huéspedes intermediarios de un virus, su distribución geográfica, los comportamientos humanos y animales que favorecen la transmisión, así como los mecanismos de transmisión viral y los factores ecológicos y sociales que apoyan o mitigan los brotes.

El virus del Ébola

El brote de 2014-15 de la enfermedad del virus del Ébola (EVE) en África occidental se cobró más de 11 000 vidas e infectó a más del doble de personas, según la OMS. Mientras que existe un amplio consenso sobre que el aumento de los brotes de Ébola desde 1994 está relacionado con un mayor contacto entre las personas y los animales silvestres infectados a raíz de la intrusión en partes boscosas de África, la cuestión sigue siendo si la ecología del virus ha cambiado en el contexto de la urbanización y las políticas de ordenación de la tierra.

Tampoco se sabe si los animales domésticos pueden verse infectados con el virus en las condiciones existentes sobre el terreno. Los estudios experimentales muestran que los cerdos infectados con la EVE pueden transmitir la enfermedad a otros cerdos y primates no humanos, al tiempo que se sabe que los perros desarrollan una reacción inmune en las zonas afectadas por los brotes, pero su papel en las redes de contagio nunca ha sido demostrado.

Estas preguntas y otras cuestiones pertinentes se abordarán en los próximos años y la reunión de Roma allanó el camino para una futura colaboración entre los investigadores y los equipos sobre el terreno. La FAO contribuirá a través de un importante programa de campo para comprender mejor la dinámica de la enfermedad en la interfaz entre las personas, los animales y el entorno que comparten. Incluyendo la fauna silvestre, ya que la caza es ampliamente considerada como uno de los principales factores de riesgo para el contacto con el Ebola, ya que la carne de animales silvestres supone una importante fuente de nutrición de calidad para muchas comunidades. En este sentido, la FAO está desarrollando también material de comunicación de riesgos que permita un enfoque rápido y culturalmente apropiado con la población local.

El síndrome respiratorio de Oriente Medio

El coronavirus causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV, por sus siglas en inglés), una amenaza emergente para la salud pública mundial que causa neumonía viral grave en los seres humanos, se detectó por primera vez en Arabia Saudita en 2012. Desde entonces han muerto más de 500 personas por la enfermedad y se han confirmado casi tres veces más casos en humanos, el última en un omaní que estaba de visita en Tailandia.

Varios estudios han indicado que los dromedarios o sus productos son la vía principal de propagación para las infecciones humanas, aunque -como en el caso de la EVE- los murciélagos no se pueden excluir como posible reservorio.

El MERS-CoV afectó principalmente a las personas en Arabia Saudita, pero también en los vecinos Qatar, Jordania, Omán y Yemen. También se registraron casos entre la población en Europa, Asia y América del Norte que habían viajado a la región de Oriente Medio. Sin embargo, la preocupación es mayor debido el posible vínculo con los camellos, cuyas poblaciones más numerosas se encuentran en Somalia, Sudán, Kenia y Níger y son especies ganaderas muy importantes para el sustento, la cultura y la forma de vida de la población. Sin embargo, los participantes de la reunión instaron a prestar mayor atención al sector camellero,  incluyendo reglamentos más adecuados para la sanidad y el comercio.

La reunión de la FAO acordó realizar estudios comparativos de África y Oriente Medio para entender por qué no se han señalado casos humanos de MERS en África a pesar de la presencia de camellos que dieron positivo para el virus. En base a declaraciones anteriores, se acordó también promover una vigilancia más activa sobre el terreno para comprender mejor los patrones de transmisión, la duración de la inmunidad, la gama de huéspedes y las diferentes formas en que los camellos se crían y participan en las cadenas comerciales y de valor. También se decidió desarrollar más pruebas serológicas, establecer biobancos que alberguen múltiples tipos de muestras, realizar infecciones experimentales con varias cepas para determinar fenotipos, y desarrollar herramientas moleculares.

Como seguimiento de la reunión, la FAO y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) explorarán la creación de una red científica y técnica sobre el MERS.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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Expertos de las Américas avanzan en la definición de las reservas estratégicas del Banco Regional de antígenos de Fiebre Aftosa

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La sanidad animal recibe apenas el 0,6 % del gasto mundial en salud pese al aumento de las crisis sanitarias

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El informe advierte que los recortes de la ayuda dejan al mundo peligrosamente expuesto a las enfermedades transfronterizas, la inseguridad alimentaria y la próxima pandemia.

El mundo no está invirtiendo lo suficiente en sanidad animal, pese a la creciente evidencia de que el costo de la inacción supera con creces el costo de la prevención.

El informe, publicado por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA, WOAH por sus siglas en inglés) en el marco de su 93.ª Sesión General, es la única evaluación mundial anual de las tendencias, riesgos y desafíos en materia de sanidad animal.

El informe destaca que las enfermedades animales destruyen más del 20 % de la producción animal mundial cada año. Estos impactos se sienten con mayor intensidad en los países de ingresos bajos y medios, donde la sanidad animal desempeña un papel fundamental para sostener los medios de vida, la seguridad alimentaria y la resiliencia económica. Al mismo tiempo, los sistemas con recursos insuficientes tienen dificultades para detectar y responder a las enfermedades de forma temprana, y también enfrentan retos para mantener los estándares de bienestar animal.

Las recientes reducciones de los presupuestos de ayuda internacional están agravando la presión. La asistencia para el desarrollo en salud ha caído a aproximadamente 39.100 millones de dólares estadounidenses en 2025, y la sanidad animal representa menos del 2,5 % de ese total. En el mismo periodo, el gasto mundial en defensa alcanzó un récord de 2,9 billones de dólares estadounidenses. En este contexto, el fortalecimiento de los sistemas de sanidad animal la infraestructura compartida que protege frente a enfermedades de origen natural, liberaciones accidentales y amenazas biológicas deliberadas sigue estando insuficientemente financiado, pese a su papel esencial en la gestión de riesgos transfronterizos, incluidas las enfermedades emergentes y las amenazas biológicas.

El informe subraya que llevar los Servicios Veterinarios de todos los países a los estándares internacionales costaría aproximadamente 2.300 millones de dólares estadounidenses al año, menos del 0,05 % de los 3,6 billones de dólares en pérdidas económicas atribuidas a la COVID-19 en 2020, una enfermedad que con gran probabilidad tuvo un origen animal, aunque su origen preciso y la vía de transmisión al ser humano aún no se han establecido de forma definitiva.

«Los sistemas de sanidad animal se sitúan en el centro mismo de la seguridad alimentaria, la estabilidad económica, el bienestar y la salud humana, y sin embargo están crónicamente infradotados», declaró la Dra. Emmanuelle Soubeyran, Directora General de la OMSA. «La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la importancia de invertir más en la prevención y en el enfoque de Una sola salud. Una sola salud seguirá siendo una aspiración hasta que la sanidad animal se integre de manera genuina en la forma en que planificamos e invertimos, mucho antes de que llegue la próxima crisis».

Entre 2025 y 2026, 64 países y territorios notificaron más de 2.000 brotes de influenza aviar de alta patogenicidad, lo que provocó el sacrificio o la pérdida de más de 140 millones de aves de corral.

La fiebre aftosa ha causado brotes sin precedentes en el África meridional y ha reaparecido en Europa. La peste porcina africana continúa propagándose, incluso mediante notables saltos a larga distancia.

Asimismo, el gusano barrenador del Nuevo Mundo una mosca parásita que se alimenta de carne está generando gran preocupación, con decenas de miles de casos registrados en América Central y una expansión hacia el norte que supone una amenaza para la sanidad animal más allá de los países actualmente afectados.

El 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos se originan en animales, lo que convierte a los sistemas de sanidad animal en la primera línea de defensa del mundo frente a los brotes, incluida una posible próxima pandemia.

Sin embargo, el informe indica que estos sistemas están bajo presión: el 18 % de los países evaluados recientemente presenta una disminución de la capacidad veterinaria, y el 22 % una disminución de la capacidad del personal paraprofesional.

«Lo que estamos observando va más allá de la propagación de las enfermedades y refleja también una presión creciente sobre las redes de vigilancia y las capacidades de respuesta de emergencia, especialmente en las regiones más expuestas a los riesgos para la sanidad animal», afirmó el Dr. Paolo Tizzani, epidemiólogo veterinario senior de la OMSA.

«Cuando los Servicios Veterinarios carecen de recursos, las enfermedades se detectan tarde, se propagan más y resultan más costosas de controlar, independientemente de cómo se hayan iniciado. Fortalecer estos sistemas es, por tanto, una forma importante y eficaz de que los gobiernos y sus socios reduzcan los riesgos y mejoren la preparación».

Con base en 54 países y territorios evaluados por la OMSA, se estima que sería necesario un aumento presupuestario medio del 52 % para cubrir el coste anual real de unos Servicios Veterinarios eficaces. El Programa de Prestación de Servicios Veterinarios (PVS) de la OMSA ofrece a los países una evaluación independiente de sus sistemas de sanidad animal y una hoja de ruta adaptada para su mejora. Como avance positivo, tras actividades recientes del PVS, más de la mitad de los países participantes informaron de un aumento de los recursos financieros.

El informe insta a los gobiernos a aumentar la financiación de los sistemas de sanidad animal e integrarlos en estrategias más amplias de salud, economía y seguridad; a los socios para el desarrollo a alinear la financiación con la prevención a largo plazo en lugar de la respuesta a las crisis; y a las instituciones financieras y al sector privado a reconocer la sanidad animal como una inversión de alto impacto.

«Los sistemas de sanidad animal son un bien público mundial, y el mundo no los financia como tal», concluyó la Dra. Susana Pombo, Presidenta de la Asamblea Mundial de Delegados de la OMSA.

«En un momento en que los gobiernos están aumentando los presupuestos de defensa, conviene preguntarse qué significa realmente la sanidad animal en este contexto. Las enfermedades no reconocen fronteras. Una brecha en la vigilancia de la sanidad animal en un país es una vulnerabilidad para todos los países, por lo que es fundamental cambiar nuestra forma de pensar sobre la solidaridad y la inversión en los sistemas de sanidad animal».

Las conclusiones del informe servirán de base para los debates de la próxima 93.ª Sesión General de la Asamblea Mundial de Delegados (18–22 de mayo), en particular en el Foro Técnico de la OMSA dedicado este año al tema «Invertir en sanidad animal para asegurar el futuro de todos».

También se celebrará una reunión ministerial al margen de la Ceremonia de Apertura, que incluirá la publicación de una declaración ministerial que reflejará una visión compartida sobre los sistemas de sanidad animal.

Acerca de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA)

La OMSA es la autoridad mundial en sanidad y bienestar animal. Fundada en 1924 en respuesta al devastador brote de peste bovina en Bélgica que formó parte de una epidemia más amplia que afectó a varios países europeos y tuvo repercusiones mundiales, la OMSA se ha dedicado desde entonces a vigilar, controlar y difundir información sobre las enfermedades animales en todo el mundo.

La OMSA se centra en la difusión transparente de información sobre las enfermedades animales, en la mejora de la sanidad animal a nivel mundial y, con ello, en la construcción de un mundo más seguro, saludable y sostenible. https://www.woah.org/es/inicio/

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