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Corrigiendo la Acidosis Ruminal en Vacas Lecheras

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La acidosis ruminal es un trastorno metabólico que afecta al ganado bovino que se encuentran bajo una dieta alta en concentrados, sea granos o balanceados.

El Médico Veterinario paraguayo Víctor Larroza explica la importancia de controlar este problema que causa pérdidas de producción en el ganado lechero, mediante el uso de sustancias tamponantes.

¿Qué es la acidosis ruminal?

“Para entender mejor, la causa de la acidosis ruminal se da por una disminución del pH del rumen el cual baja de 6.2 produciéndose un desequilibrio en la microbiota, es decir, las bacterias que se encargan de la fermentación ruminal van muriendo; es por esta razón, que el pH debe mantenerse estable. Los cambios iniciales a nivel ruminal son casi imperceptibles, pero si el pH se mantiene bajo por mucho tiempo se podrán apreciar las anomalías a simple vista, una de las características principales es el descenso en la producción, el animal comerá menos; otro de los síntomas es que la materia fecal se tornará más liquida de lo normal, ya en su etapa avanzada el animal presentará cojera, la mastitis también puede presentarse en este trastorno y si el cuadro empeora puede causar la muerte del animal”, empezó explicando el doctor Larroza.

¿Cómo afecta la acidosis ruminal al hato lechero?

“Por lo general, si ya existe un trastorno metabólico en el hato, el 90% de los animales podrían encontrarse afectados, incluso de forma subclínica, es decir los que no manifiestan signos. Uno de estos signos que el productor también puede tener en cuenta para sospechar de acidosis subclínica, es la inflamación y enrojecimiento de la corona de la pezuña, además la presencia de burbujas en la materia fecal”.

¿Cómo podemos corregir este problema?

Para tratar la acidosis existen dos estrategias a ser aplicadas:

Primero el manejo nutricional, elaborando una mezcla correcta de alimentos, en el cual el balanceado debe ir mezclado en una proporción correcta con el forraje.

En segundo lugar, es el uso de productos que regulen el pH del rumen, denominadas sustancias buffer o tamponantes. Existen estabilizantes de pH, como el denominado AG control, que está compuesto por: bicarbonato de sodio, óxido de magnesio y algas marinas en una mezcla ideal siendo capaz de actuar hasta por 10 horas por toma utilizando la dosis apropiada, que es 120 gramos por vaca al día dividido en dos aplicaciones, uno a la mañana y otro a la tarde.

Al lograr estabilizar el pH, la producción se normalizará y por ende el producto se pagará solo, además de tener bajo precio las dosis son muy bajas por lo que es un tratamiento altamente recomendado”, explicó el doctor.

Puede ser preventivo, y también curativo

Respecto al tiempo de recuperación de un animal con acidosis, el profesional refiere que estos productos pueden ser de uso continuo que se utiliza para prevenir y tratar la acidosis ruminal.

De forma preventiva, se puede utilizar la dosis mínima de 100 gramos de producto por vaca de forma diaria.

Una vaca que ha sufrido éste trastorno, luego de implementar una dieta adecuada y utilizando el producto tamponante, podría ser capaz de manifestar mejorías a los siete días, aumentando así la producción lechera en poco tiempo.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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