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Llamada a los países para establecer medidas para garantizar la inocuidad de los alimentos en toda la cadena de producción

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El Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos enfatiza la importancia de los alimentos seguros en los mercados tradicionales y reconoce la labor de los actores en la cadena de producción que permiten dar un abastecimiento continuado de alimentos ante la pandemia por COVID-19.

Al conmemorarse el Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos este 7 de junio, el Centro Panamericano de Fiebre Aftosa y Salud Pública Veterinaria (PANAFTOSA) llama a los países de la región de las Américas a establecer las medidas necesarias que permitan asegurar la inocuidad de los alimentos en toda la cadena de producción de manera que los consumidores reciban alimentos seguros.

Este año se quiere enfatizar la importancia de la inocuidad de los alimentos en los mercados tradicionales o ferias, que en gran parte de la región son fuente principal de alimentos frescos y accesibles para muchos grupos de bajos ingresos, y a su vez, una fuente importante de sustento para millones de habitantes urbanos y rurales en la región. Sin embargo, los mercados tradicionales, particularmente aquellos con venta de animales vivos, pueden representar un riesgo de transmisión de enfermedades de animales a los humanos (enfermedades zoonóticas). Por ello, es importante que la producción y venta de animales vivos esté regulada para prevenir la propagación de enfermedades emergentes.

“Además de la inocuidad, queremos destacar que, desde el punto de vista de la salud pública, los mercados de alimentos pueden ser un foco potencial de brotes de enfermedades zoonóticas y transmisión de enfermedades. Por ese motivo es importante alertar a las autoridades de los países de la región sobre la necesidad de reglamentos e inspecciones para prevenir riesgos en centros de transporte, centros de retención y mercados”, resaltó el doctor Ottorino Cosivi, director de PANAFTOSA.

“Los alimentos, que contienen bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas perjudiciales, causan más de 200 enfermedades, que van desde la diarrea hasta el cáncer. Las enfermedades transmitidas por los alimentos son un problema de salud pública global y por ello cooperamos con los países de las Américas para fortalecer sus sistemas de inocuidad de alimentos”, indicó la doctora Margarita Corrales, responsable por el área de inocuidad de los alimentos de PANAFTOSA.

La Organización Mundial de la Salud estima que, a nivel global, una de cada diez personas se enferma después de consumir alimentos contaminados, y que 420 mil mueren cada año, siendo los niños menores de 5 años los más afectados, con 125 mil muertes anuales.

En América Latina y el Caribe, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), a través de su Plan de Acción Regional de Cooperación Técnica en Inocuidad de los Alimentos, que es coordinado por PANAFTOSA, está trabajando con los países de la región para fortalecer sus sistemas de inocuidad de los alimentos.

Garantizar la seguridad de los alimentos

Para garantizar la inocuidad de los alimentos, PANAFTOSA indica las siguientes acciones a seguir por todos los actores de la cadena de producción, desde el campo a la mesa, para una producción segura de alimentos:

  • Garantizar la inocuidad: los gobiernos deben garantizar alimentos inocuos y nutritivos para todos, a través de políticas que pueden promover la agricultura y los sistemas alimentarios sostenibles, y de una colaboración multisectorial entre salud pública, sanidad animal, agricultura y otros sectores.
  • Cultivar alimentos inocuos: los productores agrícolas deben garantizar el suministro de alimentos inocuos a los consumidores.
  • Mantener los alimentos inocuos: los operadores de empresas deben asegurarse de que los alimentos sean transportados, almacenados y procesados de forma inocua, no sólo para que los alimentos sean seguros sino para preservar el valor nutricional de los alimentos.
  • Consumir los alimentos sin peligro: los consumidores necesitan tener acceso a información oportuna, clara y fiable relativa a los riesgos nutricionales y de enfermedades asociados con sus opciones alimentarias.
  • Actuar conjuntamente en pro de la inocuidad: gobiernos, organismos económicos regionales, organizaciones de las Naciones Unidas, agencias de desarrollo, organizaciones comerciales, grupos de consumidores y productores, instituciones académicas y de investigación, así como entidades del sector privado, deben trabajar de manera conjunta sobre las cuestiones de la inocuidad de los alimentos.

Sobre PANAFTOSA

El Centro Panamericano de Fiebre Aftosa y Salud Pública Veterinaria (PANAFTOSA) está vinculado al Departamento de Enfermedades Transmisibles y Determinantes de Salud Medioambientales (CDE) de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS).

PANAFTOSA es responsable de coordinar el Programa de Salud Pública Veterinaria y trabaja para la prevención, la vigilancia y el control de las zoonosis, la promoción de las iniciativas para mejorar los sistemas de inocuidad de los alimentos y la erradicación de la fiebre aftosa, con el objetivo de promover la salud pública y el desarrollo socioeconómico de la región.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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