Noticias Internacionales

Aprovechando Campos Marginales para la Ganadería

Publicado

en

(2.659 lecturas vistas)

COMPARTIR

La ganadería requiere de buenas condiciones forrajeras para el sustento nutricional de los animales, por lo que los productores, en la mayoría de los casos, optan por zonas que favorezcan el desarrollo de pastos de elevado rendimiento.

No obstante, una experiencia desarrollada en campos considerados como marginales demostró la factibilidad de obtener ejemplares bovinos con buena ganancia de peso e, incluso, mejorar las condiciones corporales de los animales mediante la implantación de especies forrajeras.

El departamento paraguayo de Ñeembucú es una zona caracterizada por la presencia de bañados, dedicada principalmente a la ganadería extensiva de cría. Representa un territorio conocido técnicamente como marginal, con campos húmedos y palmares, donde la presencia de la cortadera es el principal problema, ya que predomina en el lugar y tiene grandes matas. Se trata de una especie de pasto muy agresiva. En épocas anteriores, el tipo de animal obtenido en estos campos era de muy baja calidad.

Cambio en la Nutrición 

Al observar que los campos marginales no llenaban los requerimientos del ganado, fue fundamental cambiar la nutrición de los animales con otro tipo de pasturas para alcanzar mejores resultados. En vez de buscar suelos con mejores posibilidades, se optó por probar especies de pasto que pudieran resistir en aquellos suelos húmedos y cubiertos de palmares.

El Tanzania, pasto bien adaptado a los departamentos de San Pedro y Alto Paraná, fue utilizado por considerarse de alta producción, con lo que se obtendría buen peso de ganado. La experiencia resultó exitosa, debido a que se inició con criollos de baja condición corporal y, en siete años, se están alcanzando ejemplares Brangus 3/8 con buenas condiciones fenotípicas. La introducción de genética animal, más la implantación de pasturas, permitió el cometido.

La Experiencia 

En un palmar de la zona de Villa Oliva, departamento de Ñeembucú, se lleva adelante la producción de ganado bovino en una zona caracterizada como marginal; es decir, un territorio que no cumple con los parámetros deseados para el desarrollo de la agricultura. No obstante, los resultados en el mejoramiento de los ejemplares mediante la introducción de especies de pasto de alto rendimiento permiten la sustentabilidad del establecimiento y un aumento de los kilos de carne por animal.

La vegetación original del palmar es la cortadera: una especie de pasto que no posee valor forrajero. Por este motivo, fue necesario introducir al campo un tractor con rastra sin echar ninguna planta de karanda’y existente. Después de las pasadas con rastra por la zona de trabajo, se sembraron dos especies de pastos: la Braquiaria humidícola brizanta y el Tanzania. El primero es un pasto adaptado a los suelos de Ñeembucú y presenta mejor garantía de inversión. El segundo es un pasto de alta producción y calidad, adaptado a zonas húmedas. Teniendo en cuenta esta característica, se inició la experiencia con el Tanzania. En principio, la hipótesis que se manejó fue que el Tanzania desaparecería, dejando únicamente al humidícola. No obstante, después de siete años de hacerse la introducción de pasturas, ambas conviven.

Impacto 

El impacto de la introducción o implantación de pasturas de alto rendimiento permitió pasar de una ganadería tradicional, de baja productividad y calidad, a una ganadería intensiva de alta productividad y calidad; es decir, aquella zona conocida como marginal se convirtió en un espacio propicio para la ganadería tipo cabaña. Esto representa un gran impacto para la pecuaria del país y de la región. En un solo establecimiento donde se implementó el sistema, ya se alcanzó una superficie de 600 ha de pasturas de Tanzania. Esto demuestra que el productor no necesita precisamente ir hasta Mariscal Estigarribia o Neuland (Chaco) ni adentrarse en departamentos como San Pedro para producir la misma calidad de ganado.

Recomendación

Probablemente en el Paraguay existan unas 6 millones de hectáreas similares a la de Villa Oliva, es decir, tierras marginales. Pero si se hace el reconocimiento apropiado con las consideraciones técnicas adecuadas, es posible cambiar significativamente los niveles de productividad. Es importante que el productor pueda acceder al mapa de suelos para observar las condiciones de cada zona, tanto en la Región Oriental como Occidental.

Hoy en día es imprescindible aplicar tecnología, porque sin ella será imposible conseguir un cambio en un periodo relativamente rápido. Villa Oliva es la experiencia que hoy podría imitarse en otros territorios del país.

Leer más
Click para comentar

Deja un mensaje

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Noticias Internacionales

México, Centroamérica y el IICA inician estrategia contra el gusano barrenador del ganado

Publicado

en

COMPARTIR

Leer más

Noticias Internacionales

Ecuador fortalece el control para garantizar la inocuidad de la leche en su territorio

Publicado

en

COMPARTIR

Leer más

Noticias Internacionales

Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

Publicado

en

COMPARTIR

En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

Leer más

Tendencia