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Nutrición Mineral Estratégica en Vacas Lecheras

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La nutrición estratégica, específicamente en vacas lecheras, es un aspecto que el productor debe recordar si quiere la sustentabilidad de su producción, que se traducirá en un mayor rendimiento económico. Con la introducción de ajustes en el uso de sales minerales, se puede obtener hasta 2,5 litros de leche más por día, lo cual resulta beneficioso y sin mucho costo de inversión. 

El tambo es un negocio que no conoce de feriados ni días libres; “se hace todos los días”, por lo que el productor debe lograr la rentabilidad en su producción a fin de alcanzar mayor eficiencia. Este objetivo se logra mediante una inversión estratégica dentro del establecimiento, en este caso, gracias a la nutrición. La vaca es como una “máquina” de producir leche, de la que constantemente se está quitando minerales. Por lo tanto, será necesario administrarle los elementos que va perdiendo. Esto se logra con una buena fuente mineral. Con la mineralización estratégica se logra la sustentabilidad a corto y largo plazo. De no hacerlo, la producción de los ejemplares lecheros irá en descenso.

Ganancias 

Una vaca élite que reciba una alimentación óptima, puede llegar a producir de 15 a 20 litros de leche por día. No obstante, con el uso estratégico de minerales se puede incrementar de 2 litros a 2,5 litros por día. Esto representa G. 5.000 más que el productor puede recaudar solamente ajustando algunos aspectos nutricionales en su establecimiento. Considerando el periodo de lactancia (10 meses), con la introducción mineral, se puede obtener hasta 5.000 o 5.500 litros; lo que representa un adicional de 600 litros en la productividad, aproximadamente.

Costo de Inversión 

Para producir 16 litros de leche, el productor hace una inversión de 300 ml de leche en sales minerales estratégicas. Esto representa un costo sustentable para llevar adelante el negocio. La vaca lechera es un animal que constantemente se está desmineralizando por la producción del alimento líquido. Entonces es prioritario proporcionar los minerales adecuados con una buena fuente mineral.

Presentación de las Sales 

La manera más indicada de suministrar el mineral al animal es oralmente. Así se evita el estrés de los inyectables. Actualmente, en el mercado se tienen dos tipos de presentaciones de sales minerales: una es en polvo, —que se puede suministrar en batea a voluntad o mezclando con la ración de balanceado—; y la otra es una sal en plástico. La segunda opción tiene una presentación en un balde de 25 kg, en la que viene la sal. Con esta tecnología, la vaca únicamente debe lamer el bloque evitando el desperdicio a nivel económico. Igualmente, se evita el uso de bateas debido a que los baldes se distribuyen a lo largo de los potreros. En un principio el animal debe familiarizarse con el mineral; luego se vuelve un hábito.

Otras alternativas son los bloques multi-nutricionales que corresponden a una sal proteica. Contiene los macro y microminerales, con el agregado de urea y una fuente proteica a partir de harina de soja y girasol. Además posee vitaminas A, D y E. La sal proteica es un complemento ideal para el invierno (periodo de heladas) cuando se resiente la carencia de alimentos energéticos.

Beneficios 

Cuando el productor utiliza estratégicamente sales minerales, evita los picos y las bajas bruscas en la producción. De esta manera se evitan los ciclos y se logra una producción sostenida.

Ajustes y Seguimiento 

Para el suministro de sales minerales, primeramente se llega al productor y se observa los manejos que realiza en el establecimiento. De esta manera, se indaga sobre el posible inconveniente en su ganadería. Solo de esta forma se podrán realizar los ajustes correspondientes. En muchos de los casos, las subidas y bajadas de la productividad no se relacionan con el aspecto nutricional de la cría.

Se realiza el monitoreo y seguimiento constante del establecimiento y de los ejemplares con los que cuenta el productor. Se efectúa un trabajo de proximidad. Así, el productor percibe los resultados.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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