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Uruguay un país con excelentes indicadores de Carne

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Según una nota publicada por el diario El País, de ese país, hoy día está entre los cinco mayores consumidores mundiales de proteínas de origen animal y en el primer puesto en carne bovina, pero a la vez, es el que más carne por habitante exporta en el mundo.

El estudio denominado “Perspectivas de la carne: asociaciones mentales de los consumidores uruguayos y motivos subyacentes en los cambios de consumo”, realizado por investigadores uruguayos tomó una base de 172 países y fue publicado en la revista científica de Ciencias de la Carne (Meat Science), una de las más prestigiosas del mundo.

El consumo promedio en el mundo de todo tipo de carnes es 34 kilos por persona al año y en Uruguay es 86,9 kilos (dato INAC a 2019 que tomó el análisis). En el 2021 fue de 91,2 kilos.

El trabajo de campo lo realizó Equipos Consultores en base a una encuesta armada por los investigadores y abarcó a 600 consumidores, que representó a la población uruguaya, pero el análisis de los datos lo realizó el equipo de investigadores.

Además de aportar datos relevantes como el porcentaje de vegetarianos (no se consumen carne pero si derivados lácteos y huevos), veganos (no incluyen proteínas de origen animal), pescetarianos (dieta vegetariana que consumen pescados y mariscos) y flexitarianos (dieta vegetariana, pero de vez en cuando comen carne, pescado y derivados), también reveló que hace falta trabajar mucho en comunicación a los consumidores locales, para que con base en ciencia e información, puedan tomar mejores decisiones, sin dejarse influenciar por las corrientes anti carne, sin rigor científico e impulsoras de mitos.

Son muy pocos los uruguayos que no consumen carne en un país donde la cultura del asado y la parrilla se lleva en la sangre. El estudio mostró que el 9 % de los 600 encuestados no consume carne. De ese porcentaje: 1 % son veganos, 5 % son vegetarianos, 3 % son pescetarianos y hay 2 % que argumenta no consumir carne por otros motivos, como por estar afectados por alguna enfermedad.

El análisis abarcó la región, el sexo, la edad y el nivel de educación del consumidor, así como su nivel socio-económico. “Queríamos entender las asociaciones mentales que tiene la gente y cómo asocian al consumo actual y futuro de la carne en Uruguay. Cuando digo entender asociaciones mentales, están influenciadas por factores culturales y características propias del individuo”, explicó Fabio Montossi, investigador del Programa Carne y Lana de INIA Tacuarembó.

Analizando los datos por edad y teniendo en cuenta las preocupaciones de cada segmento, el estudio mostró que en jóvenes de entre 18 y 19 años, el 20 % no consume carne porque son veganos, vegetarianos o pesceterianos, al igual que 12 % de las mujeres. Dentro del grupo que tiene educación terciaria, este valor alcanza el 13 %. Cuando se les preguntó a los consumidores cuáles son las razones por las que no come carne: 73 % dice que es por la salud, el 44 % atribuye su decisión a temas de bienestar animal y 39 % a cuestiones del cuidado del ambiente.

Así mismo, la Covid-19 fue un problema que afectó el consumo de carnes en Uruguay y se incluyó en el trabajo de investigación. En ese sentido, se vio que 35 % de las personas redujeron su consumo de carnes, 6 % la aumentaron y 50 % la mantuvieron. Preguntando las razones de ese cambio, el factor número uno fue el precio, la salud y el cambio de la dieta en la búsqueda de otro tipo de sustituto de la carne.

A su vez, por más que se haya mantenido el consumo de carne, 33 % de las personas cambió el tipo de carne y se volcó más hacia pollo y cerdo, fundamentalmente por precios o por temas asociados a la salud y ambientales.

Estos últimos pesan mucho en el consumidor uruguayo (El 85 % dice que es muy importante o importante). El 65 % de los encuestados dijo que estaba dispuesto a pagar más por carne que contemple al momento de ser producida con certificación de bienestar animal y ambiente. El 61 % pagaría más por carne producida a pasto, 60 % por carne orgánica, 55 % por carne sustentable (carbono cero), 52 % por carne con marca, 50 % por carne con trazabilidad, 45 % por carne sin antibióticos y 43 % sin promotores de crecimiento. Sólo 18 % de los encuestados dijo estar dispuestos a pagar más dinero por carne procedente de ganados terminados a corral. Hay un enorme desconocimiento del consumidor.

Al consumidor se le preguntó si conocía las proteínas de origen animal producidas en un laboratorio o análogos de las carnes. Solo 54 % de los uruguayos la conoce y el 75 % de los encuestados aseguró que no estaba dispuesto a consumir ese producto.

El trabajo científico también abarcó la consulta a los consumidores sobre si piensa o no reducir el consumo de carne en el futuro. En este caso, 65 % dijo que no y 24 % piensa reducirlo, particularmente la carne bovina y la carne de cerdo, no así la de pollo. El argumento son tema precios, bienestar animal y salud humana.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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