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Tecnología Innovadora Permite Identificar los Primeros Signos de Cojera en las Vacas

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Este servicio consta de un circuito cerrado de televisión (CCTV) que graba al ganado moviéndose a través de las instalaciones. El programa elige varios aspectos del animal para componer un puntaje de movilidad, con el que hace un perfil de la locomoción del ganado.

De acuerdo con Ceredig Evans, productor de Gales que probó este sistema, Cattle Eye le permitió abordar el problema antes de convertirse en algo más serio en su grupo de 300 holstein.

Sus declaraciones, consignadas en este artículo (en inglés), hablan sobre la importancia de tener patas y ubres saludables por los beneficios para el animal y para él, a nivel económico. Por ello, contar con esta tecnología “significa que el trabajo (de detectar cojeras) será más efectivo”.

La diferencia de este servicio es que usa cámaras de seguridad tradicionales y solo se requiere una conexión a Internet, lo que significa que no es necesario utilizar otro hardware como podómetros y collares para poder detectar un cambio en la movilidad de la vaca.

Como indica el sitio web de la compañía de Reino Unido, la confianza de los consumidores de lácteos se ha visto minada por las campañas de marketing contra los productos que se centran en cómo las vacas lecheras de granjas intensivas sufren altos niveles de cojera.

Por eso aprovecharon la oportunidad comercial en la industria ganadera para utilizar los beneficios de una plataforma de análisis de video de aprendizaje profundo (deep learning).

Con base en dicha plataforma se podrían utilizar los datos visuales registrados para obtener conocimientos novedosos sobre el animal que, a su vez, podrían emplearse para administrar ganado de manera más eficiente y mejorar los estándares de bienestar.

“CattleEye es una herramienta disruptiva que proporciona evidencia de que nuestros agricultores están trabajando al más alto nivel de gestión de existencias, lo que ayuda a asegurar la lealtad de los clientes y creencia en nuestra marca minorista más amplia”, agrega la firma.

El profesor George Oikonomou, especialista en cojera del ganado, realizó un ensayo en la granja de Evans con este software, encontrando que más del 25 % de los bovinos experimentaron problemas de movilidad, y casi el 6 % reportó una movilidad gravemente afectada.

Después del estudio, Evans cambió la frecuencia del corte de pezuñas de una vez a dos veces al mes. Al cabo de medio año, la cantidad de vacas con problemas de movilidad se redujo en 13 %. Además, hubo una reducción del 5 % en la cantidad de ganado movilidad gravemente afectada.

“Sabemos por investigaciones con agricultores que a menudo su percepción de una vaca coja es una que se queda atrás, que no puede seguir el ritmo del resto del rebaño”, dijo Oikonomou.

Y agregó: “Pero muchas vacas tendrán etapas tempranas de cojera que no se verán a menos que las califique por movilidad. CattleEye es posiblemente una de las formas de abordar ese problema”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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