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Señales de Infertilidad en una vaca Lechera

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Los periodos críticos de la vaca en la ganadería son muchos, teniendo en cuenta que algunos de ellos terminan por afectar procesos como la fertilidad. 

Gustave Decuadro Hansen, médico veterinario y gerente técnico de Latinoamérica para Virbac con PhD en Reproducción animal, explica que en ganado lechero, existen indicadores importantes que garantizan la fertilidad de una vaca. Estos muchas veces no son tomados en cuenta en las ganaderías, situación que debe analizarse con mayor cuidado, según aseguran los expertos.

“Si tengo que decir que indicador de fertilidad se evalúa en la vaca de carne diría que es el grado de anestro que se tiene en el predio antes de realizar el servicio o la inseminación y por el otro lado la tasa de concepción”, detalla Decuadro Hansen.

En cuanto al ganado de producción lechera, el experto dice hay otros indicadores de fertilidad que son interesantes de observar en las fincas en las cuales prevalece este tipo de sistema de producción alrededor del mundo.

“Lamentablemente en Colombia son pocos usados estos indicadores, porque me consta, pero que sería muy interesante e importante que se comiencen a usar con mayor frecuencia en las fincas lecheras”, describe Decuadro Hansen.

Uno de estos indicadores se puede obtener al momento en que en el predio se realiza el control lechero, pues hoy en día existen medidores de materia grasa y materia proteica en tiempo real, y hay algunas marcas de instrumentos que permiten la evaluación de este tipo de material en cada periodo de ordeño.

“Sabemos hoy en día que la relación entre materia grasa y proteica ideal en la vaca lechera es de 1.2. En realidad en el primer control lechero después del parto, para tener una fertilidad buena en vacas lecheras tendría que estar entre 35 a 40 gramos de leche por kilo”, detalla Decuadro Hansen.

Cuando se está arriba de 40 gramos, el experto indica que ya se pueden presentar problemas de cetosis en la vaca lechera, y cuando se llega por encima de 45 gramos se tiene un gran riesgo de infertilidad en el animal.

“Antes que la vaca le exprese al productor, ya se aun anestro, que no manifieste celo o que lo haga pero no se preñe, se deberían modificar las tasas grasa y proteicas. Todo esto siendo indicadores de fertilidad interesantes en el animal”, comenta Decuadro Hansen.

Causas de baja eficiencia reproductiva

El experto asegura que las causas de deficiencia reproductiva se deben a la repetición de celo, mortalidad embrionaria, abortos; siendo este tipo de situaciones diferentes para el ganado de carne y para el de leche.

“En ganado de carne el problema número uno es el anestro, una vez que la vaca está en celo, la pérdida por material embrionaria es muy reducida. Por ejemplo, si insemino un grupo de 200 vacas con buena preparación y buen protocolo, le hago un diagnóstico de gestación a los 30 días y repito para confirmar la gestación a los 90 días, la tasa de pérdida difícilmente supera el 5 al 6%. Si eso pasa, es frecuente que existan enfermedades infecciosas o un gran impacto alimentario”, señala Decuadro Hansen.

El experto sostiene que en el caso del ganado de leche, si el productor hace un control de gestación el día 30 y lo repite al día 60, es muy frecuente en cualquier finca lechera que se vaya entre 20 a 25 % de la gestación, existiendo una perdida gestacional por muerte embrionaria, precoz y tardía, que se convierte en un gran problema de la vaca lechera.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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