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Proyecto Colombiano Facilita el Diálogo entre Productores Lecheros y Expertos

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El proyecto se lleva a cabo en los departamentos colombianos de Nariño, Cundinamarca y Boyacá con 4 asociaciones de productores de leche de esas regiones.

El proyecto de cooperación binacional entre el gobierno de Nueva Zelanda y el gobierno de Colombia denominado “Cadena de valor del sector lechero en Colombia” que se desarrolla desde el año 2015,  recibió la visita de la embajadora de Nueva Zelanda Jacqui Caine, en el corregimiento de Santa Bárbara en el departamento de Nariño quien pudo conocer de primera mano e interactuar con productores de la Asociación Agropecuaria de Productores de Leche Natural y Nutritiva de Nariño PROLENN, beneficiaros de este proyecto en ese departamento.

La Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria – Corpoica es el operador designado por parte del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural de Colombia – MADR, , quien delegó a Gustavo García, Gestor de Innovación de la Red de Ganadería y Especies Menores de la Corporación, como coordinador para este proyecto; es quien realiza las actividades de acompañamiento y documentación del proceso en cada uno de los  componentes y salidas del mismo. Jesús Díaz, extensionista del proyecto encargado de enlazar  el conocimiento científico con los productores  manifiesta que “prácticamente la inversión es en conocimiento, parte de éste proviene de investigadores de Corpoica y Nueva Zelanda en tres áreas; parte técnica, comercialización y calidad de leche y en el área social y de mercados”

El operador designado por parte del gobierno neozelandés es la empresa AgriBusiness Group quien manifestó por medio de su coordinador Juan Fernando Vela “el proyecto trae consigo un cambio de paradigma, no es una tecnología dura, es conocimiento de acuerdo al ecosistema y la oferta ambiental disponible. Mediante el conocimiento de sus suelos, se pueden propiciar las condiciones para generar la mayor cantidad de pasto, con mayor contenido de energía  y de digestibilidad; y el animal por el sistema de manejo, se coma la mayor cantidad de pasto y de esa manera produzca mayor cantidad de sólidos de leche por hectárea por año”

A través de la adopción de sistemas de gestión integrados, desarrollados y acogidos de experiencias en el sector lechero de Nueva Zelanda y Colombia, basados especialmente en la dinámica forrajera, el proyecto busca mejorar la competitividad y rentabilidad en las familias de los pequeños y medianos productores  de sistemas especializados de leche, con prácticas sostenibles  de manejo, de acuerdo a un soporte adecuado de información que  permita a los productores tomar sus propias decisiones.

“La producción de la leche me subió, vacas que me daban seis litro ahora me están dando 10, 11 litros en el mismo periodo de tiempo. Antes me tocaba cargar la leche desde atrás, ya no, o en ocasiones arrendar la hierba” explicó Eduardo Gelpud, uno de los productores donde el proyecto  ya tiene mas de seis meses de intervención.

Estas actividades están en el marco de  la agenda de macroproyectos de investigación de la red de innovación de Ganadería y Especies Menores de la Corporación como estrategias para mejorar la competitividad y sostenibilidad de los sistemas de producción de leche y carne en la Región Andina colombiana.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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