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Nueva modalidad llamada ordeño una vez al día (OAD) esta Revolucionando la Ganadería en Nueva Zelanda

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Esta nueva modalidad llamada ordeño una vez al día (OAD) es un esquema en el que las vacas se ordeñan una sola vez en el día durante toda la temporada de producción.

Los productores de Nueva Zelanda la están usando porque la mano de obra disponible para trabajar en las fincas, el enfoque en la calidad de vida de los empleados y productores, así como el cuidado de su salud mental, son temas de gran importancia que requieren soluciones urgentes en tierras neozelandesas, por lo que las fincas están cambiando su modalidad de trabajo.

La frecuencia de ordeñar a sus animales y temas como el ordeño flexible y ordeño una vez al día son cada vez más populares en el país oceánico.

Según el Paul Edwards de DairyNZ, en Nueva Zelanda alrededor del 9% de los hatos ganaderos se ordeñan una vez al día durante la temporada de producción. El 52% de las explotaciones ganaderas ordeñan dos veces al día durante todo el periodo y el resto de estas fincas optan por ordeñar una vez al día, al principio o final de la temporada, practicando llamado ordeño flexible.

Al igual que en Brasil, la mano de obra disponible es cada vez más cara y escasa, por lo tanto, al adoptar el OAD, la finca ofrece a los empleados una reducción de las horas de trabajo y mejores condiciones de trabajo, aumentando la atracción de jóvenes al sector, así como aumentando la retención de empleados en las fincas.

Esto se hace porque se les brinda más tiempo libre para el ocio y la familia, mejorando también las condiciones de vida y de trabajo del propietario, que suele ser una figura presente en el día a día de la explotación ganadera.

Desde un punto de vista práctico, habrá menos tiempo dedicado al ordeño y menos presión de trabajo y, en consecuencia, mayor enfoque y capricho en otras actividades del día a día, como la planificación y gestión empresarial, la puesta a punto de la gestión de los pastos y el mantenimiento de mejoras, lo que se traduce en una mayor eficiencia laboral y una reducción de la plantilla.

Un mejor uso de las áreas alejadas del ordeño y en pendientes para producir leche es también un factor que lleva a los productores a considerar la adopción del sistema, después de todo, es raro que las vacas en estas fincas caminen de tres a cuatro kilómetros para llegar al ordeño.

Estos animales, con más tiempo libre en el pasto, tienen mejor salud, menos problemas de pezuñas y mejor puntaje de condición corporal durante la lactancia.

Muchos productores que practican esta nueva modalidad pueden socializar más porque pasan menos tiempo haciendo actividades en las que su comportamiento natural está reprimido, como esperar en la sala de espera y caminar hacia la leche.

Según estudios de DairyNZ, la demanda animal de nutrientes para el mantenimiento se reduce hasta en un 10%, y como consecuencia existe la posibilidad de un aumento de hasta un 10% en la carga ganadera de la propiedad, reduciendo así el impacto en la disminución de producción de leche por animal, este efecto compensatorio puede variar mucho según el manejo de cada explotación.

Es claro que el OAD trae consigo una reducción en la producción de leche. Se ha investigado que esta puede variar el 11% llegando al 20%, dependiendo en gran medida de la producción animal antes de la adopción del sistemas y manejo de la finca, con la reducción en la producción es menos evidente en Jersey en comparación con las vacas frisias, lo que confirma la mayor idoneidad de Jersey para los sistemas OAD.

Lo que se recomienda antes de adoptar el sistema de OAD es que el productor evalúe su costo de producción debido a un menor costo operativo y con una infraestructura más ágil, se reducirá el impacto económico de los menores ingresos por la venta de leche, lo que justifica este cambio radical en la gestión de las explotaciones.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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