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Lácteos los Andes de Venezuela como ha Funcionado la Empresa antes y después el Chavismo

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En 2010 la empresa fue transferida al Instituto Autónomo Corporación Venezolana Agraria y posteriormente a la Corporación Venezolana de Alimentos, perteneciente al Ministerio de Agricultura y Tierras, luego de operar por dos años como una filial adscrita a Pdvsa.

La empresa estatal Lácteos Los Andes ha estado en la palestra pública recientemente, y una vez más, luego de que el gobernante Nicolás Maduro ordenó una investigación contra la gerencia de la compañía. Maduro dio su orden después de que una trabajadora se quejó, en un acto gubernamental, y señaló que los patronos de la empresa no escuchaban a los trabajadores y no les daban cabida.

Exactamente una semana después de aquel señalamiento, este viernes, 14 de mayo, el fiscal general de la República designado por la Asamblea Nacional Constituyente, Tarek William Saab, anunció la detención del presidente de Lácteos Los Andes, el coronel Luis Augusto Piligra Jiménez, acusado de corrupción y enriquecimiento ilícito.

Lácteos Los Andes fue nacionalizada en marzo de 2008 bajo la administración del expresidente Hugo Chávez. Pese a las promesas de sus autoridades luego del proceso ejecutado por el Gobierno chavista, el aumento significativo de la mano de obra y las inversiones no lograron incrementar en al menos 30% la producción de leche y otros derivados lácteos, entre 2011 y 2015, como lo resalta en un informe la ONG Transparencia Venezuela.

En 2010 la empresa fue transferida al Instituto Autónomo Corporación Venezolana Agraria y posteriormente a la Corporación Venezolana de Alimentos, perteneciente al Ministerio de Agricultura y Tierras, lo cual se hizo luego de operar por dos años como una filial adscrita a Pdvsa tras la compra realizada por el Gobierno nacional, según detalló Transparencia Venezuela.

De acuerdo con datos del Ministerio de Alimentación recabados por la ONG, el desempeño productivo de la compañía fue decreciendo con el pasar de los años tras su intervención, principalmente a partir de 2012, cuando produjo 337.737 toneladas de alimentos. En 2013, la producción de la empresa fue de 296.045 toneladas de alimentos; en 2014, 265.932 toneladas y en 2015, 263.094 toneladas.

En retrospectiva, la producción de la compañía antes de su estatización fue en ascenso. En 2004 llegó a producir 153.665 toneladas de alimentos; en 2005, 199.884 toneladas; en 2006, 215.287 toneladas y en 2007, 253.840 toneladas. Asimismo, en 2008, Lácteos Los Andes produjo 263.415 toneladas de alimentos, mientras que en 2010 produjo 313.234 toneladas y en 2011, 327.047 toneladas.

«Al pasar a manos del sector público en 2008, Lácteos Los Andes utilizó un mayor porcentaje de leche cruda para la producción de leche pasteurizada (70%) y solo un 15% para la producción de otros derivados. Ocurrieron inversiones e importaciones de leche en polvo desde Argentina, Chile y Bielorrusia que posibilitaron el aumento en la producción hasta el año 2012», precisó en su informe Transparencia Venezuela.

Asimismo, de acuerdo con la ONG, de 92,8 toneladas de producto por trabajador en 2010, la productividad de la empresa cayó a 38,5 toneladas en el año 2015, un descenso de 58,5% en la oferta de leche y diversos derivados lácteos.

Con información de la ONG Transparencia Venezuela.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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