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Venezuela define Plan Operativo 2026–2030 para certificarse como libre de fiebre aftosa

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En el marco de la cooperación técnica en salud animal, el Ministerio del Poder Popular para la Agricultura Productiva y Tierras (MPPAPT) de la República Bolivariana de Venezuela, con el asesoramiento técnico del Centro Panamericano de Fiebre Aftosa y Salud Pública Veterinaria (PANAFTOSA) de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y de la Oficina de la OPS en el país, trabajaron en la definición del Plan Operativo 2026–2030 del Programa Nacional de Fiebre Aftosa (PROFA) para alcanzar la certificación internacional del país como libre de la enfermedad.

La certificación permitiría eliminar la principal barrera zoosanitaria que tiene Venezuela para la comercialización de carne y sus derivados a los mercados internacionales.

La misión, liderada por la Oficina de la OPS en Venezuela y PANAFTOSA, contó con la participación del Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral (INSAI), la Fundación Venezolana de Servicios de Salud Animal (FUNVESSA) y representantes del sector ganadero en un esfuerzo articulado entre el sector público y privado. Este trabajo conjunto permitió definir una hoja de ruta estratégica para conseguir la certificación de país libre de fiebre aftosa con vacunación, en línea con los estándares de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) y los lineamientos del Programa Hemisférico de Erradicación de la Fiebre Aftosa (PHEFA).

Del 6 al 10 de abril, se llevaron a cabo reuniones técnicas en Caracas y Maracay (capital del estado Aragua) y visitas a instalaciones clave del sistema sanitario nacional, incluyendo el Laboratorio Nacional de Enfermedades Vesiculares del INSAI, con el objetivo de evaluar capacidades operativas, identificar oportunidades de mejora y fortalecer la coordinación interinstitucional.

Como resultado principal se definió el Plan Operativo 2026–2030, aprobado por las autoridades nacionales el 10 de abril, que establece acciones prioritarias, responsabilidades, cronogramas y requerimientos técnicos para avanzar en el proceso de certificación. Este hito marca un paso significativo en el fortalecimiento del sistema sanitario pecuario del país.

El Plan se estructura en tres pilares fundamentales: el fortalecimiento institucional del servicio veterinario oficial, la consolidación de una vigilancia epidemiológica robusta y el incremento sostenido de las coberturas de vacunación, con la meta de superar el 90% a partir de 2027. Las actividades propuestas permitirán la caracterización ganadera (conocer datos básicos como el número total de ganado y su ubicación para programar los ciclos de vacunación), la vigilancia epidemiológica para la investigación de brotes de enfermedades animales, la confirmación por metodologías laboratoriales modernas y la consolidación del sistema de información.

La fiebre aftosa es una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta a animales de pezuña hendida y genera importantes impactos económicos y sociales, particularmente en comunidades cuya subsistencia depende de la actividad pecuaria. En este contexto, la cooperación técnica de PANAFTOSA-OPS busca fortalecer las capacidades nacionales para proteger la producción, la seguridad alimentaria y el comercio internacional.

Autoridades nacionales y representantes del sector productivo destacaron el compromiso político e institucional para avanzar en esta agenda, subrayando la importancia del compromiso político,  la vigilancia reforzada, vacunación sistemática y la participación de los productores como factores clave para el éxito del programa.

La misión también permitió avanzar en la consolidación de un acuerdo de cooperación técnica entre el MPPAPT y la OPS, que fortalecerá el acompañamiento institucional en las próximas fases del proceso.

De acuerdo con la hoja de ruta establecida, se espera que para 2028 se completen las condiciones requeridas por la OMSA para iniciar el proceso de verificación, con miras a alcanzar la certificación en 2029.

La eliminación de esta enfermedad se enmarca en la Iniciativa de Eliminación de Enfermedades Infecciosas para 2030 de la OPS.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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