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Investigadora Realiza Estudio de Caracterización del Búfalo en Cuba

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Yaritsa Arias es máster en Ciencias en reproducción animal, en la especialidad de búfalos y trabaja en el Instituto de Investigaciones de Mejoramiento Animal para la Ganadería Tropical (CIMA-GT), ubicado en el municipio de Cotorro, en la periferia de la capital cubana de La Habana.

Trabaja los búfalos y la caracterización de su desarrollo muscular y testicular. En estos momentos, prepara su tesis de doctorado va a incluir otros aspectos de la reproducción y específicamente los resultados de empresas productoras, entre ellas la Pecuaria Bacuranao, ubicada en las afueras de Ciudad de La Habana. “Realizo las mediciones corporales con el objetivo de determinar desde el punto de vista fenotípico sus condiciones en Cuba, a partir de pastos naturales y artificiales. En el caso de los testículos, tiene una correlación genética y la circunferencia total tiene que ver con la producción de espermatozoides”.

El objetivo de este trabajo, precisó, es poder seleccionar animales con elevada calidad reproductiva para la monta directa que es la forma en la que se reproduce esta especie en el país.

Los últimos estudios han estado dirigidos a las primeras mediciones de la raza mestiza de Cuba cuyos resultados repercuten en la eficiencia reproductiva de los rebaños, pues el macho aporta el 85 por ciento de ese indicador y 55 por ciento de la información genética. Esto es importante porque propiciaría un incremento de las producciones lácteas y buenos índices reproductivos, que es lo que necesita la ganadería bufalina.

Estas investigaciones, señala, han permitido obtener una caracterización de los búfalos en Cuba en las condiciones de campo, con la diferencia climatológica que tiene cada una de las regiones de la Isla (occidente, centro y oriente), que hace que las etapas de lluvia y seca sean distintas en cada una de ellas. Con todo esto hemos logrado un animal adaptado a las condiciones climáticas de Cuba y al sistema alimentario del país, sabiendo que somos una Isla tropical, donde sobre el conocimiento de esta especie sigue pesando el criterio de que son agresivos, sobre todo los machos.

Luego de trabajar por años con estos animales traídos desde Asia por su resistencia y porque puede alcanzar 500 kilogramos de peso corporal con 24-26 meses de edad, señala que son dóciles, lo que queda demostrado con experiencias como la de la oriental provincia de Camagüey de relación hombre-animal. “El búfalo es manso, todo depende del manejo que tengan las personas que los cuidan”, sostiene.

 

Fuente: Tribuna

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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