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Ganaderos Tratan de Evitar Declive con Plan Productivo en Ganadería

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Las fincas se seleccionaron en Guanacaste, Pacífico Central, Zona Norte, Atlántico y Zona Sur y todas están afiliadas a Corfoga (Costa Rica), cuentan con certificado veterinario de operación, marca de ganado, y un área menor a 200 hectáreas. 

93 fincas lograron subir de 0,90 cabezas de ganado promedio por hectárea, a 1,29 Corfoga estima que si no se eleva cantidad de partos, hato se reduciría 57% para el 2021

El sector ganadero implementa mejoras en la eficiencia de 93 fincas como un plan piloto para aumentar la productividad de las reses de cría y leche.

El plan, promovido por la Corporación Ganadera (Corfoga) y el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), incentiva prácticas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Otro de los principales objetivos del programa es evitar el declive de la producción del hato, que actualmente es de 1.278.817 reses, según el VI Censo Nacional Agropecuario 2014 , y se obtiene un nivel de parición del 57%.

No obstante, las proyecciones de Corfoga son que si se continúa con ese ritmo de animales paridos, de aquí al 2021 la cantidad de reses caerá a 548.027 (57%).

En el escenario contrario, si toda la población ganadera lograra aumentar a 59% el porcentaje de partos, la producción ascendería hasta 2.569.365 cabezas en cinco años.

El proyecto pretende escalar de 93 a 1.800 fincas en cuatro años y llegar a una producción de 1.605.000 animales en el 2020.

Además, el sacrificio de reses en plantas este año ha sido el menor de enero a junio desde el 2012, comparando periodos similares. Es decir, ahora se sacrifican 25.787 cabezas menos que hace tres años..

“Si se logra el escalamiento estimado en el plan piloto, nos generaría un impacto positivo para aumentar la disponibilidad de reses para sacrificio”, comentó Marco Fallas, coordinador del Departamento de Proyectos de Corfoga – Costa Rica.

Agregó que también se busca elevar la competitividad para producir más kilogramos de carne a un mejor costo para efectos del productor y competir con otros mercados internacionales como Nicaragua, Chile y Estados Unidos, entre los principales países a los que se les compra.

Aumento. El plan ya está mejorando la carga animal en las 93 fincas, al pasar del promedio país de 0,90 unidades por hectárea a 1,29. Para este 2016, se estima cerrar con la capacidad de 1,5 cabezas por hectárea.

Mauricio Barrantes, encargado de la finca ganadera Rancho Zurquí, en Sarapiquí de Heredia, dijo que desde inicios del 2015 hasta ahora lograron mayor eficiencia como parte del plan piloto.

“Aplicamos técnicas que nos han permitido trabajar 14 hectáreas con pasturas mejoradas, agua fresca, mayor disponibilidad del área de producción de leche y mejoras en la condición corporal en el hato”, comentó Barrantes.

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El ganadero agregó que ganaron espacio para bovinos de engorde y estiman pasar la carga animal de 1,5 a 3.

Un mejor aprovechamiento del forraje o del pasto mediante divisiones de potreros más arborizados es una de las prácticas que estimula el plan.

AGUA

Otra medida es llevar el agua al ganado, dentro de los módulos y divisiones, con bebederos para reducir la contaminación.

También se da el mejoramiento genético del semental o productor mediante todo un proceso de evaluación de los animales, lo que les transmitirá a sus crías.

“Es una práctica que se liga con la reducción de emisiones, con una mejor alimentación que también impacta en acortar el ciclo de vida con animales más eficientes”, comentó Fallas.

Las fincas elegidas están en Guanacaste, el Pacífico central, la zona norte, el Caribe y la zona sur, todas afiliadas a Corfoga, con certificado veterinario de operación, marca de ganado, un área menor a 200 hectáreas y que sean de cría o doble propósito (cría y leche). El proyecto brinda financiamiento del Sistema de Banca para el Desarrollo.

El MAG – Costa Rica, apoya las tasas de interés. Hasta ahora, 50 de las 93 fincas han sido financiadas.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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