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El Salvador promueve la ganadería sostenible

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Más de 1,600 ganaderos salvadoreños ahora producen con un enfoque sostenible y de reducción de emisiones, optimizando los recursos naturales y mejorando la calidad de vida, gracias a la Acción Construcción de la NAMA en Ganadería Bovina de El Salvador, de la cual se entregó hoy la documentación del proyecto ejecutado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en coordinación con el Ministerio de Agricultura y Ganadería y sus descentralizadas, el Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal «Enrique Álvarez Córdova» (CENTA), el Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA) y la Escuela Nacional de Agricultura «Roberto Quiñónez» (ENA).

Celina Ramírez, una de las productoras beneficiadas, agradeció a las instituciones técnicas por el aprendizaje y a la Unión Europea (UE) por la inversión de más de $650,000 para la NAMA, a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el desarrollo (AECID) en el marco del programa EUROCLIMA. “Este proyecto no solo nos ha permitido aprender prácticas del manejo de la ganadería, sino también nos ha dado herramientas para transformar nuestras fincas en sistemas más sostenibles, más resilientes y con menos impacto ambiental”, añadió.

Asimismo, la ganadera destacó que: “La capacitación y el acompañamiento técnico que hemos recibido han sido claves para cambiar nuestra manera de ver la ganadería. He aprendido que sí es posible producir carne y leche de calidad sin comprometer los recursos naturales. Hemos adoptado medidas que permiten mejorar la alimentación del ganado. Este proyecto es solo el inicio para que los ganaderos de El Salvador adoptemos prácticas que contribuyan a una ganadería sustentable, que proteja al medio ambiente y que asegure el bienestar de las familias ganaderas”.

El director de ganadería del MAG, Marlon Reyes, explicó que el Gobierno trabaja por transformar la productividad del país, y el sector ganadero es un eslabón importante para alcanzar la seguridad alimentaria de la población, pero con consciencia ambiental, razón por la cual se sumó también el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN).

Y añadió que los técnicos del MAG capacitaron a los beneficiarios para que adoptaran herramientas como el establecimiento de cercas vivas y forrajeras, el tratamiento adecuado del estiércol, el establecimiento de bancos energéticos y proteicos, el cultivo y uso de pastos mejorados, el uso de probióticos en la alimentación de bovinos, la rotación y uso racional de los poteros y la siembra de árboles de sombra.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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