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El 25 de Abril se Celebró El Dia Mundia del Medico Veterinario: La Veterinaria y el medio ambiente, clave para prevenir pandemias

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El 25 de abril se celebró el Día Mundial de la Veterinaria, y este año cuenta con la protección del medio ambiente como tema central.

La labor del veterinario, desconocida para muchos, resulta de vital importancia en la preservación de la salud animal, y también de la salud humana. En los escudos de las Facultades de Veterinaria está escrito en latín “Hygia Pecoris, Salus Populi”, que en castellano significa “La salud del ganado, la salud del pueblo”. Con esta afirmación se pone de manifiesto la importancia de garantizar el mantenimiento y cuidado de los animales, y la repercusión que esto tiene sobre la salud humana.

En este sentido, podríamos decir que el término “One Health” supone una evolución del concepto anterior. Además de la íntima relación sanitaria entre animales y hombres, se añade la variable medioambiental a la ecuación. Esto sucede ya que la forma en la que los humanos se relacionan con el entorno repercute de forma directa en su interacción con los animales. “Los cambios negativos en nuestro entorno finalmente nos dañarán a nosotros mismos y a los animales que están a nuestro cuidado”, señala la Asociación Veterinaria Mundial (WVA, por sus siglas en inglés).

Este enfoque sanitario es defendido por el concepto “One Health”, Una Salud, donde el veterinario tiene un papel fundamental. Además de la labor conocida del veterinario en el cuidado de la salud animal, también existen veterinarios trabajando de forma activa en proyectos que repercuten en la mejora medioambiental. Purines menos contaminantes, incremento de los índices cárnicos de conversión y reducción de las emisiones de metano en el ganado vacuno… Son algunas de las líneas de investigación abiertas por muchos veterinarios que repercuten en el medio ambiente.

Importancia de la Protección Medioambiental

El explosivo crecimiento demográfico actual está conduciendo a la deforestación de bosques y parajes naturales, que son convertidos en terreno urbanizable. De este modo, los animales desplazados no tienen más remedio que modificar sus rutinas y expandir su zona de búsqueda de alimento. Este comportamiento produce un irremediable contacto entre la fauna salvaje y la fauna doméstica, además de con los propios humanos. Esta convivencia se traduce en el surgimiento de diversos brotes de nuevas enfermedades ocurridos en los últimos años. Si a este escenario se le suma la masiva densidad poblacional en las ciudades, se obtiene un germen de cultivo ideal para que estalle una pandemia de tal magnitud como la que actualmente sufrimos.

La situación actual ha sacado a la luz la necesidad de gestionar con un enfoque conservacionista la expansión de las poblaciones humanas y su relación con los animales salvajes. Además, establecer un sistema global de estrategias enfocadas a manejar los posibles brotes que puedan surgir.

Papel Veterinario en la Crisis del Coronavirus

Según la OIE, “la mayoría de las enfermedades emergentes aparecidas en los últimos tiempos son de origen animal y casi todas ellas son potencialmente zoonóticas”. De esta afirmación se obtiene la necesidad de un trabajo coordinado por parte de todos los responsables de la salud pública, y así actuar con eficacia y celeridad ante cualquier posible eventualidad.

El papel del veterinario como garante de la salud pública se está demostrando en la gestión de la epidemia de COVID-19. En las Islas Feroe, el veterinario Debes Christiansen ha conseguido controlar la epidemia en todo el territorio. Utilizando laboratorios veterinarios para luchar contra el coronavirus se pone de manifiesto la importancia del concepto “One Health”.

Asimismo, la veterinaria Marion Koopmans, miembro del grupo asesor de la Comisión Europea sobre COVID-19 y coordinadora del proyecto VEO (Observatorio Versátil de Enfermedades Infecciosas Emergentes) considera fundamental la prevención de cara a posibles brotes futuros. “Tenemos que repensar la detección de enfermedades para adelantarnos a nuevos brotes después del coronavirus”, afirma.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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