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Cría de Ovinos: Un Negocio Pecuario que Crece en Paraguay

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En el Paraguay, la producción ovina marca una tendencia hacia un aumento en las existencias en los últimos años, debido principalmente al alto costo de la carne vacuna, principal producto de la ganadería en este país. Recientemente se ha comenzado con el fomento de la producción de ovinos y caprinos, como una diversificación de la agricultura familiar y con el objetivo de producir alimentos de autoconsumo. Dentro del ganado menor, la cría de ovejas constituye una actividad pecuaria rentable por la producción de lana y de carne. 

Existen alrededor de 450 razas de ovinos en el mundo, que se clasifican de acuerdo al destino de la producción en de carne, leche, lana y pieles. En cada caso, varían las formas y características de los animales. Algunas razas no están especializadas en la producción, siendo de doble propósito, como el caso de las razas Corriedale y Texel, criadas para producir carne y lana.

En Paraguay, la cría de ovinos tiene como objetivo principal la producción de carne, para consumo, comercialización y exportación; siendo la lana un subproducto que también tiene mucho potencial. En este sentido y para responder al mercado local que se dedica a la artesanía con la lana como materia prima (para fabricar frazadas, ponchos, pulóveres, tricotas), numerosos productores. De acuerdo con datos del Censo Agropecuario Nacional del año 2008, en el país existen aproximadamente 400 mil cabezas y 23.000 establecimientos, de los cuales el 54 % posee menos de 50 animales. La mayoría de los criadores son propietarios de sus tierras, utilizan áreas con un promedio de 10 ha, las que son consideradas explotaciones de subsistencia.

El sistema de producción más utilizado es el extensivo, en campos naturales, con encierre nocturno de los animales. No obstante, una minoría de productores utiliza sistemas semiintensivos, en donde las ovejas se manejan en forma rotativa o reciben una suplementación forrajera.

VENTAJAS

La cría de ovinos ofrece varios productos a la familia rural: una carne que contiene proteínas de alta calidad; leche para la elaboración de queso; también lana y estiércol.

Estos animales tienen la capacidad de transformar forrajes de diferentes tipos, aun los de mala calidad, como la paja de cereales como trigo, arroz; residuos y subproductos de la huerta. Tienen una elevada capacidad de adaptación a los más diversos climas, lo que facilita a la familia rural el contar con un rebaño de cría. Es importante que cuenten con una fuente de agua potable, de ser posible analizada químicamente, para evitar riesgos de infestaciones por parásitos, principalmente.

ALGUNAS RAZAS OVINAS CRIADAS EN PARAGUAY

Entre las principales razas ovinas que se encuentran en el país guaraní, figuran:

Dorper. Es una raza rústica productora de carne, que se desarrolló en Sudáfrica. Soporta muy bien los ambientes con climas extremos. Ha demostrado un comportamiento muy bueno en ganancia diaria de peso, peso al destete y prolificidad.

Hampshire Down. Es una raza carnicera de origen británico, especializada en la producción de corderos y capones. Tiene gran precocidad y capacidad de engorde, por lo que es utilizado para cruzamientos industriales.

Santa Inés. Es una raza carnicera de ovinos, oriunda del nordeste de Brasil, resultado del cruzamiento de ovejas deslanadas nativas, predominantemente de origen africana, con carneros de diversas razas. Muestran gran crecimiento en número en las regiones del sudeste brasileño.

Texel. Su origen es Holanda. Es una raza doble propósito, pero es más eficiente en la producción de carne. Es prolífica y su vellón es semicompacto.

Corriedale. Es un animal con rústico que se adapta muy bien al pastoreo extensivo. Es de doble propósito y produce vellones de color blanco.

Suffolk. La oveja Suffolk es de origen inglés. Posee buena conformación, rendimiento cárnico, precocidad, alta velocidad de crecimiento de corderos en majada y partos fáciles, al cruzar con otras razas. Los carneros Suffolk son muy convenientes para los cruzamientos industriales.

Como en toda explotación racional, sea familiar u otra que apunte a la comercialización a nivel nacional y a otros países, es importante cumplir con un programa sanitario específico; brindar un buen manejo a los animales, y tener en cuenta las mejoras genéticas. De esta forma, el productor podrá asegurar calidad y rentabilidad a su producción.

 

Fuente: Agencias

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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