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Científicos Pintan Traseros de Vacas para Evitar Ataque de Leones

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Foto. Pintan vacas para prevenir ataque de leones

La ganadería africana vive un complejo momento ante la aparición de los leones que atacan los diferentes ganados afectando la normal producción de los granjeros.

Sin embargo, la ciencia ha desarrollado una particular técnica que permite reducir la mínima expresión de estos ataques a través de un método aplicado en base al sentido común.

Los investigadores de la Universidad de New South Wales (UNSW) de Australia han sorprendido con la decisión de pintar ojos en los mismísimos traseros de los animales y así generar una sensación de observación que ha afectado directamente a los leones.

La deducción se generó a raíz de estudios que indican que los leones desistían del ataque cuando sus presas, específicamente los impalas, clavaban sus ojos sobre ellos

“Los leones cazan con emboscadas, así que asechan a sus presa que están cerca y pueden caerles encima sin ser vistos, Pero en este caso, impala descubrió al león. Y cuando este se da cuenta de eso decide detener la caza”. Cuenta Neil Jordan, Biólogo conservacionista de UNSW.

«La prueba que se está aplicando en Botswana tiene además la iniciativa de preservar la vida de los leones, muchas veces cazados por los granjeros que justifican el deseo de cuidar su ganado.»

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Foto. Mariposas con ojos grandes evitan ataque de aves

Los científicos esperan que un simple truco de bajo costo reduzca significativamente el número de reses muertas por los leones africanos. Todo lo que se necesita para el experimento es hacer ojos con pintura negra en el trasero de la vaca, que sean visible y potencialmente intimidantes, sobre los extremos traseros de ganado en Botswana  para que así los  leones paren en su ataque.

Diez semanas más tarde después de la investigación, los leones habían matado a tres vacas sin pintar, y estas no tienen ojos en sus traseros.

«En la naturaleza del león, siendo» visto «puede disuadir la depredación», mencionó el biólogo de la conservación de la UNSW Neil Jordan, añadiendo que se conocen patrones que se asemejan a los ojos en las alas de mariposa para disuadir a las aves. Este mecanismo se conoce como el disfraz defensivo.

Lo mismo pasa con el pulpo ya que cambiando el color y la textura de su piel, se hace pasar por otras especies y juega hacerse al muerto, protegiéndose así contra los depredadores en el mundo animal. Las personas también recurren a trucos: leñadores en la India usan máscaras pintadas como caras en la parte posterior de la cabeza a repeler, porqué los tigres devoradores de hombres suelen atacar desde atrás.

A medida que sus áreas tradicionales de caza son más pequeñas, los leones se están moviendo cada vez más hacia las tierras agrícolas, Menciona Jordan.

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Foto. Ojo de vaca africana

Además el proyecto denominado «iCow» está diseñado para proteger el ganado y también tiene como objetivo reducir el número de muertes de leones por disparo o envenenamiento por los agricultores, que tratan de mantener su ganado seguro. De acuerdo con la UE (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) La Lista Roja de especies amenazadas de la UICN, tiene al león africano como un animal vulnerable, porque va en extinción.

El equipo de investigación australiano planea expandir sus experimentos en Botswana e incluir la colocación de dispositivos de localización GPS en las vacas.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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