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Asi se maneja el estrés por calor en China

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Según el experto, China importó una cantidad de leche 120 veces mayor que la importada en la década de 1960. Esta cantidad representa hoy casi un tercio del consumo total de leche del país y el gobierno chino está haciendo grandes esfuerzos para aumentar la producción nacional de leche y reducir la importada.

De acuerdo con Dairy Global, China es un importante productor mundial con 31 millones de toneladas métricas producidas en 2019 y en 2020 alcanzó 34,4 millones, según Knoema.

Añadió que “hay señales de que el crecimiento de la producción de leche en China se está estabilizando y, recientemente, incluso ha habido informes de una disminución”. Esto se debería al estrés calórico en las ganaderías, debido en parte al calentamiento global pero sobre todo al aumento del rendimiento por vaca, que significa un incremento en el calor metabólico.

“Entre 2008 y 2016, el grado de disminución del rendimiento diario por vaca en el verano, en comparación con el invierno, aumentó de 0,7 a unos 4 kg por vaca por día. Se espera que si continúa esta tendencia y no se toman medidas de manejo, la disminución por vaca alcance los 6,5 y 7,2 kg por vaca, en 2050 y 2070, respectivamente”.

El experto ha dado conferencias sobre cómo hacer frente al estrés calórico en vacas a profesionales chinos en los últimos 25 años y ha dado charlas para las grandes granjas de una de las empresas lácteas más grandes de China.

La mayoría de las granjas lecheras que suministran leche a la empresa están ubicadas en el norte de China, donde el clima templado y pocos meses cálidos al año, pero la compañía también tiene granjas en el sur, donde es un clima tropical cálido y hace calor varios meses al año.

Según Flamenbaum, “los productores de leche chinos, al igual que sus contrapartes en todo el mundo, han estado expuestos en los últimos años al conocimiento sobre cómo instalar y operar los medios para enfriar las vacas, y cada año mejoran”.

Por ejemplo, al indagar a dos lecherías, una ubicada en cada zona, encontró que ambas emplean humectación y ventilación forzada a las vacas para enfriarlas en el patio de espera antes de cada una de las tres sesiones de ordeño, y en la línea de alimentación, cuando las vacas regresan de la sala de ordeño, así como entre las sesiones de ordeño.

De igual modo, en cada ganadería se administró tratamiento de enfriamiento a las vacas en lactancia, vacas secas y novillas en fines de la gestación.

La disminución es mayor en la granja del sur, en comparación con la del norte. Las vacas de esta región disminuyen en verano un 15 % en la producción de leche en comparación con el invierno, mientras que en la del sur se observó una reducción del 40 %.

“Es interesante ver que incluso en una región climática relativamente cómoda, como el norte de China, con veranos cortos y noches frescas, hay una marcada disminución en el rendimiento de las vacas en verano y nada que hablar de las vacas del sur”, apuntó.

Sin embargo, el experto señaló que a pesar del conocimiento y la experiencia adquirida para enfriar adecuadamente a las vacas y a pesar de la gran inversión en equipos, “los resultados aún son pobres y causan problemas a las granjas y pérdidas económicas cada año”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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