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Recomendaciones para Reducir el Impacto del Estrés Calórico

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Estos cambios y la fisiología de los animales, generan condiciones de estrés debido a la incapacidad que tiene el ganado de hacer frente, a su entorno, según un trabajo de Ángela Patricia Marroquín Espinosa, para su diplomado de reproducción bovina en la Universidad Cooperativa de Colombia.

La profesional realizó una investigación acerca del comportamiento del ganado bovino frente al estrés calórico, tomándolo desde el punto de vista del bienestar animal; conociendo paso a paso los efectos que conlleva el estrés calórico y la reacción frente a esto, además de la aplicación de estrategias como los sistemas silvopastoriles que proveen sombra especialmente en sitios donde la temperatura es mayor a 25°C.

Cuando hay aumento de temperatura los bovinos acuden a la anorexia voluntaria como mecanismo para reducir la carga térmica. Todo esto se ve reflejado en la conducta de pastoreo cambian los hábitos en horas de la noche donde las temperaturas son más frescas., y al pastar menos, reducen tanto el consumo de alimentos así como la actividad muscular.

Debido a la variación de signos del estrés calórico como jadeo, salivación excesiva, aumento de frecuencia respiratoria, hipertermia (temperatura mayor a 38,5°C), menor consumo de alimentos, resistencia a desplazarse, problemas digestivos, inmunodepresión y en terneros de crianza artificial también trastornos respiratorios y/o digestivos hay afectación en cuanto a la nutrición.

El aumento de las temperaturas disminuye el apetito, reduce el consumo de alimentos y horas de pastoreo, afectando el crecimiento del animal. De acuerdo con lo expuesto por la autora, se ha demostrado que los becerros de los animales de clima tropical tienen una tasa de crecimiento menor que los de clima templado. Además, también se ha encontrado una disminución en la talla.

En términos de reproducción, en el macho se ha comprobado que a medida que aumenta la temperatura ambiental se ve disminuida la espermatogénesis, y aumenta el porcentaje de atipias (alteración en la morfología celular normal) y de espermatozoides muertos.

Además cuando están expuestos a la radiación solar, la calidad y cantidad de producción de esperma disminuye, igual que su libido, a lo cual se suma que una inadecuada termorregulación persistente puede dar lugar a alteraciones en las características del tejido testicular conocida como degeneración testicular.

En el caso de las hembras, el ciclo estral disminuye la intensidad y duración del celo, generando efectos negativos sobre la fertilidad. Las altas temperaturas ambientales afectan el comportamiento sexual, la folículogénesis, la ovulación, la función luteal y la implantación, con consecuencias negativas en la natalidad, y el aumento del intervalo entre partos.

A ello se suma que las vacas con estrés calórico reducen su capacidad de concepción, hasta 3 veces por encima del promedio, 21 días antes a la inseminación.

Por eso, los diferentes factores que conllevan a un estrés calórico se deben minimizar en cuanto al lugar, animal y manejo que se le realiza. Esto se tiene en cuenta debido a que cada raza tiene una condición climática diferente, el tipo de alimentación interfiere en cuanto al confort del animal y el lugar donde se adecua ya sea instalación o potrero (que haya buena ventilación en las dos áreas).

Es indispensable que los animales estén en lugares con sombra, ventilación, agua y alimento adecuados para reducir el impacto del estrés calórico y generar mayor productividad.

En vacas lecheras es recomendable disponer de ventilación adecuada en la sala de ordeño; agua de calidad en cantidad suficiente en bebederos con capacidad de satisfacer los requerimientos después de cada ordeño; sombras ubicadas en el corral de espera pre-ordeño y comederos.

De igual manera, dietas con requerimientos nutricionales que posean baja actividad fermentativa, con el fin de reducir el calor producido en la digestión; dietas ricas en potasio permiten que los animales transpiren normalmente y se mantengan frescos en períodos de altas temperaturas; y dieta con alto contenido de zinc permite el funcionamiento normal de los intestinos de los animales.

Las especies arbóreas en los predios usualmente tienen ventaja sobre las instalaciones que adapte el productor porque ofrecen un efecto de enfriamiento por evapotranspiración, mejor ventilación y menos reflejo de radiación solar.

Los árboles para brindar sombra deben ser altos para permitir la circulación rápida del aire; respetar un mínimo de tres metros cuadrados por cabeza adulta, dos por animal de recría y un metro cuadrado por ternero.

En general se considera 3 a 5 metros cuadrados por animal en sombra. Se debe considerar 4,5 m2 para vacas en lactancia, 4 m2 para vacas secas, 2,4 m2 para novillas entre 6-12 meses y 2,8 m2 para novillas entre 17-26 meses.

Todos estos parámetros se deben de tener en cuenta para que haya un mejor aprovechamiento del potencial del animal en cuanto a la producción y reproducción.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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