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Análisis: Sobre Las Vacas y el Calentamiento Global

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¿Son las vacas unas de las grandes culpables del calentamiento global? La interrogante es una de las claves de este artículo que analiza cómo la ganadería afecta al medioambiente. A pesar de ello, es el hombre el principal culpable de lo que ocurre en la Tierra.

Es difícil concebir un paisaje campestre sin la presencia de las pacíficas y amigables vacas pastando sin ninguna complicación. Estos rumiantes nos acompañan desde hace siglos y proveen de casi todo su organismo para el consumo humano. Además, son parte fundamental del desarrollo ganadero en todo el mundo.

Hasta aquí todo en orden, pero ¿qué sucede si analizamos la dieta, las costumbres, así como el complicado sistema digestivo de estos bovinos? Las vaquitas expulsan grandes cantidades de metano, un gas causante también del tan mencionado calentamiento global.

El metano y el bióxido de carbono son dos gases que contribuyen, de manera natural y de manera artificial -por la acción del hombre- al calentamiento global. La presencia en grandes cantidades de ambos gases en la atmósfera impide que el calor de la Tierra sea devuelto al espacio.

Una molécula de metano es 20 veces más eficaz en retener calor que una de bióxido de carbono; solo que estas últimas se encuentran en mayor proporción y son la causante principal del calentamiento de la Tierra; seguidas por el metano, al que se le atribuye la quinta parte de dicho fenómeno. Y de esa quinta parte, la mitad procede de la actividad ganadera. Adicionalmente, el metano reacciona en la atmósfera convirtiéndose en bióxido de carbono e hidrógeno.

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Un gran círculo vicioso

Diariamente, una vaca emite a la atmósfera, a través del hocico y del tracto rectal, entre 300 y 500 litros de metano. Es por eso que las nobles vacas han sido catalogadas por muchos, como parte de las causantes del cambio climático que afronta el planeta. ¿Debemos acusarlas, exterminarlas, cambiar su dieta? ¿Qué hacer? Solo los vegetarianos y tal vez los hindúes se pueden imaginar una vida sin ellas.

Además de las implicancias del metano en el clima global, existe un aspecto relacionado al aprovechamiento de la energía. Entre cuatro y siete por ciento de la energía procedente de la alimentación de las vacas es transformada en su sistema digestivo en metano. Si se pudiese evitar que las vacas eructaran tanto, se produciría más leche y carne.

Sin embargo, su proceso digestivo es complicado y difícil de manejar. El alimento masticado pasa al primero de los cuatro estómagos de la vaca, el retículo; una especie de cámara de fertilización que contiene hasta ocho kilos de microorganismos que descomponen y que ganan energía a través de la absorción de hidrógeno y oxígeno, liberando metano, el cual es expulsado principalmente por el hocico a la atmósfera.

Según algunos expertos, parte de estas bacterias podrían ser extraídas o aniquiladas para que no generen tanto metano. Pero esto ocasionaría que se produjeran, en su defecto, cantidades de hidrógeno que causarían cambios en el metabolismo de las vacas, los cuales podrían afectarlas y, a su vez, disminuir tal vez su productividad.

La leche es uno de los principales aportes del ganado vacuno.

¿’Autor’ de los hechos o el ‘lugar’ de los hechos?

Está claro que el principal causante del calentamiento global es el hombre. No le vamos a quitar ningún merito. Y si bien, algunos han acusado a las vacas de ‘contaminantes’, es poco serio acusarlas, pese a que contribuyen de algún modo a dicho fenómeno.

Sin embargo, otra vez los seres humanos entran a tallar, puesto que: a mayor demanda de carne, más vacas. No obstante, se puede decir que la vaca no es ‘la autora’ de los hechos, sino más bien, que sirve de ‘escenario’ debido a su complicado sistema digestivo. Ante esta situación, los esfuerzos actuales están más orientados a modificar su dieta e introducir alimentos que no produzcan tanto metano en su asimilación.

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Algunas investigaciones han logrado determinar a la fecha la existencia de tres suplementos alimenticios que reducen las cantidades de metano en cerca de 30 y 40 por ciento. Una de estas sustancias es la grasa que puede proceder del coco, de los girasoles o de la linaza. Las grasas de estas plantas matan a las bacterias que producen el metano en exceso.

Existen otros dos compuestos químicos presentes en gran proporción en plantas tropicales como las saponinas, que son glucósidos con propiedades como la del jabón, que se encuentran en plantas como el quillay, endémica de Chile; así como las taninas que se encuentran en las castañas.

Lo que aún no está muy claro es cómo se produce exactamente el proceso de la reducción del metano en las vacas. Se desconocen también los efectos en la carne y en la leche vacuna. Lo bueno es que, como se trata de sustancias naturales, el efecto en los productos procedentes de las reses no debe ser perjudicial.

¿Qué Hacemos con las Vaquitas?

En el país, este problema pasa totalmente desapercibido, debido a que no somos una potencia ganadera. En el caso de algunos países industrializados, ya se ha detectado el problema y se buscan alternativas. Esto es posible gracias a que cuentan con los recursos económicos para dedicarse a la investigación; situación de la cual por ahora solo podemos mirar con envidia. Los alimentos adicionales para reducir la producción de metano tienen desventajas, por un lado se producen en poca proporción; y por el otro, no son agradables ni fáciles de suministrar para el ganado vacuno.

Las vacas no están acostumbradas a las grasas en general, además las saponinas son parecidas al jabón y las taninas son amargas, lo que dificulta su utilización ya que son rechazadas por las reses. Una situación complicada para los científicos y para los ganaderos.

Al parecer, el cambio en la dieta no será la solución. Adicionalmente, reducir en un tanto por ciento el calentamiento global atacando este problema, parece también no ser prioridad en la agenda política internacional, y menos en el Perú. Dejar viejas costumbres alimenticias tampoco. Tal vez por eso tuvieron que aparecer la fiebre aftosa y las ‘vacas locas’ que redujeron de alguna manera el apetito y la demanda de los productos ganaderos. Siempre aprendemos por las malas.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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Expertos de las Américas avanzan en la definición de las reservas estratégicas del Banco Regional de antígenos de Fiebre Aftosa

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La sanidad animal recibe apenas el 0,6 % del gasto mundial en salud pese al aumento de las crisis sanitarias

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El informe advierte que los recortes de la ayuda dejan al mundo peligrosamente expuesto a las enfermedades transfronterizas, la inseguridad alimentaria y la próxima pandemia.

El mundo no está invirtiendo lo suficiente en sanidad animal, pese a la creciente evidencia de que el costo de la inacción supera con creces el costo de la prevención.

El informe, publicado por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA, WOAH por sus siglas en inglés) en el marco de su 93.ª Sesión General, es la única evaluación mundial anual de las tendencias, riesgos y desafíos en materia de sanidad animal.

El informe destaca que las enfermedades animales destruyen más del 20 % de la producción animal mundial cada año. Estos impactos se sienten con mayor intensidad en los países de ingresos bajos y medios, donde la sanidad animal desempeña un papel fundamental para sostener los medios de vida, la seguridad alimentaria y la resiliencia económica. Al mismo tiempo, los sistemas con recursos insuficientes tienen dificultades para detectar y responder a las enfermedades de forma temprana, y también enfrentan retos para mantener los estándares de bienestar animal.

Las recientes reducciones de los presupuestos de ayuda internacional están agravando la presión. La asistencia para el desarrollo en salud ha caído a aproximadamente 39.100 millones de dólares estadounidenses en 2025, y la sanidad animal representa menos del 2,5 % de ese total. En el mismo periodo, el gasto mundial en defensa alcanzó un récord de 2,9 billones de dólares estadounidenses. En este contexto, el fortalecimiento de los sistemas de sanidad animal la infraestructura compartida que protege frente a enfermedades de origen natural, liberaciones accidentales y amenazas biológicas deliberadas sigue estando insuficientemente financiado, pese a su papel esencial en la gestión de riesgos transfronterizos, incluidas las enfermedades emergentes y las amenazas biológicas.

El informe subraya que llevar los Servicios Veterinarios de todos los países a los estándares internacionales costaría aproximadamente 2.300 millones de dólares estadounidenses al año, menos del 0,05 % de los 3,6 billones de dólares en pérdidas económicas atribuidas a la COVID-19 en 2020, una enfermedad que con gran probabilidad tuvo un origen animal, aunque su origen preciso y la vía de transmisión al ser humano aún no se han establecido de forma definitiva.

«Los sistemas de sanidad animal se sitúan en el centro mismo de la seguridad alimentaria, la estabilidad económica, el bienestar y la salud humana, y sin embargo están crónicamente infradotados», declaró la Dra. Emmanuelle Soubeyran, Directora General de la OMSA. «La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la importancia de invertir más en la prevención y en el enfoque de Una sola salud. Una sola salud seguirá siendo una aspiración hasta que la sanidad animal se integre de manera genuina en la forma en que planificamos e invertimos, mucho antes de que llegue la próxima crisis».

Entre 2025 y 2026, 64 países y territorios notificaron más de 2.000 brotes de influenza aviar de alta patogenicidad, lo que provocó el sacrificio o la pérdida de más de 140 millones de aves de corral.

La fiebre aftosa ha causado brotes sin precedentes en el África meridional y ha reaparecido en Europa. La peste porcina africana continúa propagándose, incluso mediante notables saltos a larga distancia.

Asimismo, el gusano barrenador del Nuevo Mundo una mosca parásita que se alimenta de carne está generando gran preocupación, con decenas de miles de casos registrados en América Central y una expansión hacia el norte que supone una amenaza para la sanidad animal más allá de los países actualmente afectados.

El 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos se originan en animales, lo que convierte a los sistemas de sanidad animal en la primera línea de defensa del mundo frente a los brotes, incluida una posible próxima pandemia.

Sin embargo, el informe indica que estos sistemas están bajo presión: el 18 % de los países evaluados recientemente presenta una disminución de la capacidad veterinaria, y el 22 % una disminución de la capacidad del personal paraprofesional.

«Lo que estamos observando va más allá de la propagación de las enfermedades y refleja también una presión creciente sobre las redes de vigilancia y las capacidades de respuesta de emergencia, especialmente en las regiones más expuestas a los riesgos para la sanidad animal», afirmó el Dr. Paolo Tizzani, epidemiólogo veterinario senior de la OMSA.

«Cuando los Servicios Veterinarios carecen de recursos, las enfermedades se detectan tarde, se propagan más y resultan más costosas de controlar, independientemente de cómo se hayan iniciado. Fortalecer estos sistemas es, por tanto, una forma importante y eficaz de que los gobiernos y sus socios reduzcan los riesgos y mejoren la preparación».

Con base en 54 países y territorios evaluados por la OMSA, se estima que sería necesario un aumento presupuestario medio del 52 % para cubrir el coste anual real de unos Servicios Veterinarios eficaces. El Programa de Prestación de Servicios Veterinarios (PVS) de la OMSA ofrece a los países una evaluación independiente de sus sistemas de sanidad animal y una hoja de ruta adaptada para su mejora. Como avance positivo, tras actividades recientes del PVS, más de la mitad de los países participantes informaron de un aumento de los recursos financieros.

El informe insta a los gobiernos a aumentar la financiación de los sistemas de sanidad animal e integrarlos en estrategias más amplias de salud, economía y seguridad; a los socios para el desarrollo a alinear la financiación con la prevención a largo plazo en lugar de la respuesta a las crisis; y a las instituciones financieras y al sector privado a reconocer la sanidad animal como una inversión de alto impacto.

«Los sistemas de sanidad animal son un bien público mundial, y el mundo no los financia como tal», concluyó la Dra. Susana Pombo, Presidenta de la Asamblea Mundial de Delegados de la OMSA.

«En un momento en que los gobiernos están aumentando los presupuestos de defensa, conviene preguntarse qué significa realmente la sanidad animal en este contexto. Las enfermedades no reconocen fronteras. Una brecha en la vigilancia de la sanidad animal en un país es una vulnerabilidad para todos los países, por lo que es fundamental cambiar nuestra forma de pensar sobre la solidaridad y la inversión en los sistemas de sanidad animal».

Las conclusiones del informe servirán de base para los debates de la próxima 93.ª Sesión General de la Asamblea Mundial de Delegados (18–22 de mayo), en particular en el Foro Técnico de la OMSA dedicado este año al tema «Invertir en sanidad animal para asegurar el futuro de todos».

También se celebrará una reunión ministerial al margen de la Ceremonia de Apertura, que incluirá la publicación de una declaración ministerial que reflejará una visión compartida sobre los sistemas de sanidad animal.

Acerca de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA)

La OMSA es la autoridad mundial en sanidad y bienestar animal. Fundada en 1924 en respuesta al devastador brote de peste bovina en Bélgica que formó parte de una epidemia más amplia que afectó a varios países europeos y tuvo repercusiones mundiales, la OMSA se ha dedicado desde entonces a vigilar, controlar y difundir información sobre las enfermedades animales en todo el mundo.

La OMSA se centra en la difusión transparente de información sobre las enfermedades animales, en la mejora de la sanidad animal a nivel mundial y, con ello, en la construcción de un mundo más seguro, saludable y sostenible. https://www.woah.org/es/inicio/

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