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Ya Salió el Primer Embarque de Carne Uruguaya a Japón

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Son cinco frigoríficos que envían más 6 toneladas vía aérea y pronto se irán sumando más empresas.

Se embarcaron vía aérea, hacia Japón las primeras muestras de carne vacuna uruguaya desosada y madurada tras 19 años de espera. El mercado nipón había cerrado sus puertas a la carne vacuna uruguaya tras los focos de fiebre aftosa de 2.000, que sólo afectaron al departamento de Artigas.

La cadena cárnica uruguaya está cumpliendo el sueño del pibe, vuelve a vender  ahora cortes madurados y desosados a uno de los mercados más exigentes del mundo, siendo Uruguay un país libre de fiebre aftosa con vacunación. Cuando vendía en el 2.000, era libre de fiebre aftosa y como tal, tenía la posibilidad de colocar cortes con hueso, tendones y algunas menudencias como lenguas bovinas.

Este primer envío, salio en la mañana de ayer desde la terminal de cargas del Aeropuerto de Carrasco, está compuesto por: entre 1 y 1,2 toneladas de Frigorífico Las Piedras; 2 toneladas (enfriado y congelado) de Frigorífico Pando; 3 toneladas de enfriado del Grupo Marfrig; 800 kilos de Nipponham Group (ex Frigorífico BPU) y 1 tonelada del Grupo Minerva. Va carne de vacunos alimentados a pasto y  terminados a granos. En caso de Frigorífico Pando, el cliente está en Uruguay supervisando toda la operativa de carga.

Parte de la carne enviada en este primer embarque tiene por destino la feria Foodex 2019, una de las más importantes de Asia en materia de carne y alimentos, que comienza el próximo 5 y se extiende hasta el 8 de marzo, en Tokio.

En principio Uruguay tiene habilitados 16 frigoríficos todos los que se postularon para exportar a Japón, pero la gran ventaja es que, a partir de ahora, la División Industria Animal del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, es la que tiene la potestad de prelistar o designar los frigoríficos que quieran exportar a ese mercado, siempre y cuando cumplan con las exigencias impuestas, según confirmó la semana pasada el director de la División Industria Animal del MGAP, Dr. Gustavo Rossi. También podrá deslistar empresas ante cualquier insuceso. De este modo, no hará falta que venga otra auditoría japonesa para recorrer las empresas cárnicas.

No deja de ser importante contar con la ventaja de entrar en Japón con hamburguesas, “siempre y cuando sean de carne picada y grasa”, confirmó Rossi. Ese es un paso posterior y para lograrlo, “vendrá una lista en breve que implica la habilitación de otros establecimientos designados. Se va a incluir la planta de enlatado (corned beef), la planta de carne deshidratada, dos plantas de hamburguesas y productos cárnicos”, confirmó el jerarca del MGAP. También están contemplados en esa inclusión dos cámaras frigoríficas.

En las próximas semanas más empresas enviarán sus cortes, buscando consolidar una corriente comercial, en algunos casos, restableciendo contacto con sus antiguos clientes. En los negocios pesa bastante el arancel de casi 39% que paga la carne uruguaya al entrar en Japón, contrastando con el arancel de Australia que es bastante más bajo.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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