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Vaca clonada da a luz en Rusia, cientificos lo consideran un paso crucial para el desarrollo de la tecnología de edición genómica

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En Rusia, una vaca clonada dio a luz a una cría sana en la provincia de Moscú, siendo el primer caso de nacimiento por animal clonado en Rusia. La ternera pesó 40 kilogramos y recibió el nombre de Dekabristka (Decembrista), ya que nació el pasado 30 de diciembre, según informó el Ministerio de Agricultura y Alimentación local. 

Este avance se considera un paso crucial para el desarrollo de la tecnología de edición genómica, ya que permite hacer muchos más eficiente los procesos de mejoramiento genético en varios tipos de animales de importancia económica.

“Los animales (madre y cría) se sienten bien y están bajo la supervisión diaria de especialistas veterinarios”, aseguró Georgy Filimónov, vicepresidente del gobierno provincial para el medio ruso RT.

De acuerdo con el funcionario, este avance es “un gran logro” para los científicos de la región y se considera un paso crucial para el desarrollo de la tecnología de edición genómica, que permite cambiar el ADN de un organismo.

En el ámbito económico y agrícola, esta técnica permite acelerar y hacer mucho más eficiente los procesos de mejoramiento genético en distintos tipos de animales y en varias de sus características de importancia económica.

El experimento fue realizado por el Centro Federal de Investigación para la Cría de Animales, que en abril de 2020 logró por primera vez la clonación de ganado en Rusia. La novilla resultante fue la madre de Decembrista, bautizada como Tsvetochek (Florecita) por el nombre de la línea celular utilizada como donadora de núcleos para la clonación.

Historia de la clonación de vacas

La clonación de vacas surgió en 1997, cuando la empresa Infigen clonó por primera vez una vaca a partir de una célula fetal. Más tarde, lograrían clonar cerdos bajo el mismo método. Pero las vacas clonadas más famosas fueron ‘Noto’ y ‘Kaga’, creadas en 1998 en Japón; fueron duplicadas miles de veces para ejecutar un proyecto que buscaba crear animales para producir mejor carne y leche para el consumo.

En el año 2002 nació ‘Pampa’, una vaca jersey originada por la empresa argentina Biosidus a partir de una célula fetal. El país latinoamericano se convirtió en el noveno en el mundo en clonar vacas. Esta misma farmacéutica creó en 2004 al becerro ‘Pampero’, el primer becerro transgénico.

Posteriormente, dos investigadores de la Universidad Nacional Toribio Rodríguez de Mendoza de Amazonas, Perú, lograron clonar una vaca a través de la transferencia de embriones.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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