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Exportacion de carne Matsusaka, la otra carne premium de ganado wagyu de Japón

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Las exportaciones de carne Matsusaka de Japón, considerada una de las principales variedades wagyu del país junto con la más conocida Kobe, están a punto de dispararse este año, con la mirada puesta en mercados como EE. UU., el sudeste asiático y Oriente Medio.

Una asociación de productores de carne de res y representantes locales de la ciudad de Matsusaka, en la prefectura de Mie, elevará la cuota para 2023 en 300 cabezas de ganado, 13 veces la cifra de 2022. Los destinos de exportación se seleccionarán en función del interés de los compradores.

La región envía carne de alrededor de 8000 cabezas de ganado wagyu negro japonés al mercado interno cada año. La carne marmoleada se vende como carne de la más alta calidad y se suministra a los restaurantes de lujo.

Del aumento de la cuota de exportación, se espera que la carne de 100 cabezas se dirija a mercados como EE. UU., que acepta solo cortes populares, como los que se usan para bistecs. Los productores enviarán la mayoría de los cortes de los 200 restantes como lo hacen para el mercado interno.

Un evento promocional para la carne Matsusaka está programado para marzo próximo en Dubái por primera vez, ya que los productores esperan alentar las exportaciones a los Emiratos Árabes Unidos, donde se dice que el wagyu japonés de alta gama es popular entre los consumidores adinerados.

Los 40 asistentes, incluidos miembros de la realeza, funcionarios gubernamentales, chefs y reporteros, tendrán la oportunidad de probar la carne de res de una vaca Matsusaka procesada en un matadero con certificación halal. El evento también incluirá una demostración de cómo se divide en diferentes cortes de carne.

Las exportaciones comerciales de carne vacuna Matsusaka comenzaron oficialmente en el año fiscal 2021, con cantidades limitadas para evitar la escasez interna.

Pero el interés en vender a otros mercados aumentó a medida que la pandemia redujo la demanda en restaurantes de Japón, empujando los precios de Tokio por debajo de los 3000 yenes (alrededor de USD 27 en ese momento) por kg en la primera mitad de 2020, un nivel que rara vez se había visto antes.

Posteriormente, la asociación de la industria formó su consejo de exportación en agosto de ese año, y ahora pretende llevar este tipo de carne premium a diferentes países, otro hecho inédito.

La carne Matsusaka es muy conocida en Japón, pero tiene poco reconocimiento a nivel internacional en comparación con la carne Kobe y Omi, que disfrutan de grandes exportaciones. El consejo está considerando trabajar con grupos asociados de carne Kobe y Omi para promover sus productos en el extranjero y vigilar la distribución de falsificaciones.

Los productores de carne de res de Kobe han estado desarrollando canales de exportación desde 2012. En 2021 se exportó carne de 1396 cabezas de ganado, según la prefectura de Hyogo. La prefectura de Shiga ha estado exportando carne Omi desde 2010. En 2021, los productores de la prefectura exportaron carne Omi procesada de 451 cabezas de ganado.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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