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Uruguay y su éxito en la Trazabilidad

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Hermes Morales Grosskopf, ingeniero agrónomo y ganadero, indica que este sistema ha sido “obligatorio para todo el hato desde 2011 en Uruguay, teniendo en cuenta que fue un proceso que se inició en 2006 y que ha ido avanzando muy bien. Se consolidó ya hace una década”. 

Uruguay es un país que su posición geográfica lo ubica muy lejos de muchos de los mercados, a esto hay que sumarle que tiene una relativa baja población por lo cual se resalta que la ganadería fue una de las primeras actividades económicas practicadas.

“Dada su geografía, en Uruguay había ganadería antes que hubiera gente. Esto explica el por qué el país tiene un excedente de carne vacuna”, menciona Morales Grosskopf quien agrega que son esas características de “país relativamente pequeño con muchos recursos naturales y lejos de los mercados que podrían interesarse en sus productos lo que le da la posibilidad a la ganadería y por ende a la trazabilidad en uno de los factores implementado a todo nivel”.

Desde hace varios años, la carne vacuna es el principal producto de exportación en este país. Según el experto, entre 1870 – 1970, el 90-95% de las exportaciones de Uruguay eran carne.

Antecedentes

“En la década de los 90 hubo un gran accidente del consumo de la carne a nivel mundial por la vaca loca que ocurrió en Europa y que puso nervioso a todo el mundo, pero sobre todo a los consumidores, teniendo claro que si no se tiene una cierta confianza por parte de estos sobre el producto que ofrecemos, entonces podría decir que la industria está muy fuertemente amenazada”, explica Morales Grosskopf.

Esta es la razón por la que el continente europeo pretendía que se les diera garantías acerca del origen de la carne, así como de poder identificar si el alimento que se estaba llevando a las mesas cumplían todos los requisitos para consumirlos.

A esto hay que sumarle el problema de la aftosa, otro factor que sumó en la decisión de implementar la trazabilidad en este país. “A finales del siglo XX y principios del XXI Uruguay había considerado que estaba libre de aftosa e interrumpió su vacunación por algunos años y eso hizo que el hato quedará sin anticuerpos expuesto a cualquier infección que pudiera aparecer y que efectivamente lo hizo”, describe Morales Grosskopf.

Este brote fue histórico para este país, pues en menos de una semana todo Uruguay estaba teniendo focos de aftosa, lo cual provocó el cierre de los frigoríficos exportadores durante meses, por ende se detuvo la exportación.

“Este tema de aftosa de agregaba al problema de la vaca loca. Por eso desde mi perspectiva, fueron una especie de escuela que taladró muy fuertemente la conciencia de todos los profesionales uruguayos y relacionados al sector para que buscaran acciones para reducir la vulnerabilidad”, expresa Morales Grosskopf.

Estos fueron los motivos que permitieron que la trazabilidad se implementara inicialmente en la generación de animales que iba naciendo cada año para el 2006. Pero fue a partir del 2011 en donde quedaban pocos animales que estaban sin identificar, siendo este año clave porque se implemento la trazabilidad como una obligación en todos los ganaderos.

Colombia

Colombia se encuentra trabajando de manera lenta en la implementación de la trazabilidad, pues a pesar que ya hay un blindaje de la zona límite con Venezuela, todavía existen muchos frentes que se deben atacar.

Uno de estos es el proceso de identificación individual, práctica que deben desarrollar los gremios y ganaderos para agilizar un poco el proceso de completar la trazabilidad.

Finalmente, hay que tener claro que la trazabilidad es un elemento que cuenta con un doble valor que no solo debe ser clave para el comercio internacional, sino que debe ser preponderante a la hora de sacar al mercado un producto de alto valor.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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