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Una Experiencia de Manejo de Vacas Donadoras en Razas Cárnicas

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Por:  Lic. Víctor Arrúa. Especialista en producción ganadera (Paraguay)

Las vacas donadoras son aquellas que se encuentran dentro de un programa reproductivo desarrollado en un establecimiento ganadero, las cuales se encargan de transmitir su genética a su descendencia. Mediante un proceso de superovulación hormonal y la posterior inseminación artificial se obtendrán los embriones, los cuales serán retirados de dichas hembras para la transferencia en vacas denominadas receptoras. Para ello, las donantes deberán pasar por un protocolo de selección, nutrición y sanidad, a fin de garantizar su calidad.

Vacas Donadoras

Mediante la visita a una estancia en el Chaco central (Paraguay) fue posible conocer el trabajo desarrollado con vacas donantes, las cuales representan las matrices de los animales de cabaña. De acuerdo a los propietarios, hay lotes de la raza Brangus, con genética adquirida de la Argentina, además de Braford y Brahman, provenientes de establecimientos locales. Para los programas reproductivos en ganadería de carne o leche, las hembras donantes se seleccionan luego de conocer una o dos crías. De esta manera, será posible determinar los resultados en cuanto a productividad. Las hembras no podrán ser clasificadas a la primera, ya que es necesario conocer su comportamiento y el de su descendencia.

Condiciones en el Chaco

Las vacas donadoras, que en su mayoría provienen de la región oriental, van a los peores potreros en el Chaco y, a pesar de ello, mantienen su condición corporal. Su adaptación ni siquiera les permite perder peso, a pesar de que el clima en la región occidental es mucho más hostil. Normalmente, lo más complicado es trabajar con la raza Brahman, porque gana peso muy rápidamente, por lo que si no queda preñada enseguida, se pierde.

Utilidad de las Donadoras

El promedio de tiempo en actividad que duran las vacas es variable. El ganadero debe controlar regularmente a sus ejemplares. Aquellas que no producen se eliminan del sistema de producción, mientras que las más productivas permanecen hasta que disminuya completamente su fertilidad. Posteriormente, serán reemplazadas por su descendencia, las cuales presentan las mismas características reproductivas de las madres.

Extracción

El trabajo de extracción de embriones se lleva a cabo en lotes de 20 vacas, entre ellas de las razas Brahman, Brangus y Braford. En un año se intenta hacer tres lavados o aspiraciones (extracción de embriones) y, teniendo en cuenta el programa del establecimiento visitado, llegar a las 500 preñeces al año. Las aspiraciones se dan en distintos lotes. Luego, esas mismas hembras son preñadas y pasa el siguiente lote, que entrará en el mismo régimen de manejo. Después de la entrega de la cría, la hembra nuevamente ingresa al sistema de producción; así se prepara para ovular nuevamente y hacer en ella la inseminación, con la posterior extracción de embriones. En cuanto a los resultados, la Brahman es la que mejores resultados presenta, mientras que en Braford son inferiores.

Resultados

Si el productor lleva adelante buenas combinaciones y cruzamientos adecuados, los resultados serán excelentes; es decir, un aumento de ejemplares con genética de punta y productividad elevada. En este caso, el establecimiento cuenta con un software en el que figura toda la hacienda compuesta por unas 36.000 cabezas, por lo que es posible llevar el control de los animales.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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