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Un detector rápido de coronavirus para superficies de procesado de alimentos

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Investigadores del CSIC diseñan un dispositivo de análisis molecular que da resultados en una hora y que se colocará en las instalaciones de tratamiento de alimentos.

Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) participan en un proyecto europeo para diseñar un método de detección molecular rápida del SARS-CoV-2, causante de Covid-19, en superficies de procesamiento de alimentos.

En este proyecto se identificarán modelos para SARS-CoV-2 con el fin de validar los procedimientos de limpieza en la industria alimentaria y se implementará un sistema de diagnóstico rápido para la detección de SARS-CoV-2 y otros virus en superficies de contacto alimentario. Este dispositivo automatizado se colocará directamente en las instalaciones de procesado de alimentos, proporcionando resultados en menos de una hora sin necesidad de instrumentación compleja o personal especializado. Hasta ahora, los laboratorios de análisis de muestra requieren hasta siete días.

Esta tecnología también serviría para detectar otros virus emergentes. El desarrollo y la validación del dispositivo estarán en curso durante los próximos meses y los socios esperan que esté listo para el mercado a finales de año.

“El dispositivo, BEAMitup, diseñado por la empresa SwissdeCode, consiste en un sistema rápido de detección molecular “, explica la investigadora del CSIC Gloria Sánchez, del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC), que lidera la participación española en el proyecto. “Este sistema ofrece la ventaja de que puede utilizarse in-situ y que los resultados se obtienen de manera muy rápida”.

El proyecto, denominado COVID-19 BEAMitup, está financiado con 792.000 euros por el Fondo EIT Foods, una convocatoria de la UE de respuesta rápida a la Covid-19. Este proyecto se llevará a cabo por la agrupación de cinco empresas e instituciones de investigación europeas: SwissDeCode (CH), Microbion (IT), IATA-CSIC (ES), Universidad de Helsinki (FI) y Eurofins (FR).

Innovación alimentaria en Europa

EIT Food es una iniciativa europea pionera de innovación alimentaria. Está formada por un consorcio de los principales actores de la industria, startups, centros de investigación y universidades de toda Europa. Es una de las ocho Comunidades de Innovación establecidas por el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT), un organismo independiente de la UE creado en 2008 para impulsar la innovación y el espíritu empresarial en Europa.

El objetivo de EIT Food es colaborar estrechamente con los consumidores para desarrollar nuevos conocimientos y productos y servicios basados en la tecnología que, a la larga, ofrecerán un estilo de vida más saludable y sostenible para todos los ciudadanos europeos.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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