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Un Conservador Alimentario que Potencia el Efecto de los Antibióticos

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Investigadores del grupo Microbiología de los Alimentos y del Medio Ambiente de la Universidad de Jaén (UJA, España) han descubierto que un conservador alimentario, el Etileno Diamina Tetra Acetato (EDTA), potencia el efecto de los antibióticos frente a determinadas bacterias.

El aditivo actúa como inhibidor, impidiendo algunos procesos de defensa de los patógenos y, por tanto, reforzando la acción de las sustancias que los destruyen. Debido a esta actividad del conservador, la dosis de antibiótico necesaria para erradicar estos microbios se reduce.

Según ha informado este miércoles la Fundación Descubre, para llegar a estas conclusiones, recogidas en el artículo ‘Role of EfrAB efflux pump in biocide tolerance and antibiotic resistance of Enterococcus faecalis and Enterococcus faecium isolated fromt raditional fermented foods and the effect of EDTA as EfrAB inhibitor’, publicado en la revista ‘Food Microbiology’, los expertos han aislado cepas de Enterococos, un tipo de bacteria que se encuentra en elevada proporción en productos fermentados (como embutidos, salchichas y quesos).

Estos microbios presentan una doble faceta. Por un lado, tienen efectos positivos para el organismo, ya que están de manera natural en este tipo de alimentos, participando en el proceso de fermentación y conservación. También están presentes en el aparato digestivo de los seres humanos, como parte de su flora intestinal. Por otro, pueden resultar perjudiciales debido a que son los causantes de muchas de las infecciones que se producen en los hospitales en pacientes con el sistema inmunológico debilitado.

«Estas bacterias son consideradas patógenos oportunistas porque aprovechan que el cuerpo tiene las defensas bajas para desarrollarse y provocar algunas enfermedades como bacteremia (presencia de bacterias en la sangre), endocarditis o infección de las vías urinarias», ha explicado la investigadora principal de este estudio, Hikmate Abriouel, de la Universidad de Jaén.

Mecanismo de Defensa Genético

Esta capacidad de infección se debe al nivel de resistencia de estas bacterias ante la acción de aquellas sustancias que puedan debilitarlas, antimicrobianos como los antibióticos, los biocidas (productos químicos o naturales que evitan el crecimiento de los microorganismos) o los colorantes. De ahí que sean definidas por los científicos como organismos multi-resistentes.

La explicación a esta característica hay que buscarla en los propios genes de los Enterococos. Aquí se encuentran las llamadas bombas de exporte, un mecanismo inespecífico de defensa que expulsa de la bacteria los agentes nocivos que van a atacarlas, impidiendo que estos tengan efectos. Las bombas de exporte se localizan en los cromosomas de estos microbios pero también en otros elementos móviles del ADN, lo que favorece que pueden transferirse de una bacteria a otra, multiplicando así su resistencia.

«Este proceso de infección puede provocar cierta inquietud en la industria alimentaria ya que algunas cepas de productos fermentados actúan como diseminadores de genes de resistencia. Al consumirlos, las bacterias pasan al organismo del hombre donde pueden transmitir esos genes a otros microorganismos (comensales o patógenos). Pero esta resistencia se puede reducir y evitar», ha aclarado la investigadora.

Doble Función

La forma de contrarrestar la acción de estas bombas de exporte es a través de inhibidores, sustancias que frenan o suspenden la acción de algunos mecanismo de defensa de las bacterias patógenas. En el caso de los Enterococos, los investigadores comprobaron si esta función es realizada por uno de los componentes de los alimentos: el aditivo EDTA, cuya eficacia como inhibidor ya había sido probada en otras bacterias.

Para ello, los ensayos se centraron en cepas con una bomba de exporte concreta, la bomba EfrAB, caracterizada por su rechazo tanto a antibióticos como a biocidas. La acción conjunta del conservador y el antibiótico no sólo eliminó la resistencia de las bacterias a ambos productos. El aditivo, al reforzar la función del medicamento, también propició la reducción de la dosis mínima necesaria de éste para impedir el crecimiento de los patógenos. Una disminución que los expertos determinaron en 3,500 veces respecto a la cantidad normal.

Los resultados de este proyecto, titulado ‘Estudio de los determinantes genéticos de resistencia a biocidas y su papel en la resistencia cruzada con antibióticos y bacterias de origen alimentario’ y financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad, abren nuevas líneas de investigación dirigidas a ampliar el uso de este conservador, probando su eficacia con otro tipo de bacterias que puedan ser de utilidad tanto para la industria alimentaria como clínica.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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