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«Se han normalizado» las exportaciones a Rusia, según la Cámara Paraguaya de la Carne

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Luego de meses de incertidumbre a raíz de las sanciones económicas impuestas a Rusia por occidente, la exportación de carne bovina paraguaya al país eslavo creció exponencialmente hasta consolidarse como el segundo mercado cárnico más importante para el país sudamericano.

El gerente general de la Cámara Paraguaya de la Carne, Daniel Burt, comentó a medios locales el exponencial crecimiento y normalización de las exportaciones de carne de res a Rusia, luego de meses de incertidumbre económica a partir de las sanciones económicas impuestas por occidente, tras el inicio de la operación especial rusa en Ucrania.

Los productores ganaderos agrupados en la Cámara Paraguaya de la Carne informaron ventas desde el país sudamericano a Rusia por alrededor de 150 millones de dólares en lo que va de 2022, convirtiendo al país euroasiático en el segundo comprador más importante de carne bovina paraguaya, después de Chile.

«Si bien durante los primeros meses de la operación especial, las sanciones bancarias y las suspensiones de envíos marítimos a Rusia tuvieron un impacto en las exportaciones paraguayas, actualmente se normalizó la situación y se recuperaron bastante las compras», afirmó Burt al medio local ABC.

Burt explicó que Rusia es el segundo país que más carne paraguaya compra por detrás de Chile, «adquiriendo alrededor de un 20% de toda la carne que exporta Paraguay».

Asimismo, destacó que en los dos primeros meses de este año se exportaron a Rusia un total de 42 millones de dólares, casi 10% más que en enero y febrero de 2021, cuando se vendió carne al país eslavo por un valor de 38 millones de dólares.

Hasta el mes de julio de 2022, «Paraguay ha vendido 150 millones de dólares en carne a Rusia», según fuentes del Servicio nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) del Paraguay.

Rusia importó desde Paraguay alrededor de 37.311 toneladas de carne bovina, lo que representa un 14% del total de las exportaciones del mercado paraguayo, siendo solo superado por Chile, que compró 77.504 toneladas por 433 millones de dólares en lo que va de 2022.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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