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Proteina A2 de la Leche: La Solución para la Intolerancia a la Lactosa a Llegado

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La mayoría de nuestros alimentos preferidos tienen lácteos en ellos, como el helado, el chocolate y el queso. Las personas que son intolerantes a la lactosa tienen experiencias de un gran malestar cada vez que comen cualquiera de estos deliciosos alimentos. La intolerancia a la lactosa es una condición en la cual el cuerpo tiene dificultad para digerir el azúcar natural de la leche y los productos lácteos.

Alrededor del 33% del mercado mundial es intolerante a la lactosa, o es lo que pensamos. De acuerdo con un estudio reciente publicado en la revista basada en el reino unido, Nutrition Journal, muestra como la intolerancia a la lactosa podría ser un mito.

Los resultados de un ensayo clínico en humanos demostraron que la gente pudiera sufrir de síntomas similares a los de la intolerancia a la lactosa, debido a una respuesta inflamatoria a la proteína A1 que se encuentra en la leche de vaca. Los síntomas comunes de la intolerancia a la lactosa son los calambres, la diarrea y náuseas. Normalmente, estos efectos secundarios se producen dentro de los 30 minutos y 2 horas después de comer un producto lácteo.

El estudio fue apoyado por la A2 Milk Company, una empresa australiana de leche que se especializa en la leche de vacas que sólo producen naturalmente el tipo de proteína A2 de la leche. La leche A2 es conocido por ser mucho más saludable que la leche de la vaca más común, ya que contiene sólo el tipo A2 de la proteína beta-caseína. La leche A2 permanece orgánicamente pura y libre de OGM. Originalmente, las vacas solamente producían el tipo A2 de la leche. Sin embargo, debido a la domesticación y otros factores, la proteína A1 comenzó a aparecer en la leche.

«Esta investigación confirma el malestar digestivo después de la lechería no siempre puede ser el resultado de la intolerancia a la lactosa», dijo Jeff O’Neill, presidente de la A2 Milk Company en los Estados Unidos. «La lactosa es lo que por lo general toma la culpa para millones de personas en todo el mundo con digestiva problemas asociados con la leche de vaca ordinaria, lo que lleva a muchos a renunciar a la leche por completo»

El estudio comparó los efectos de los seres humanos que beben leche de vaca regular, que tiene la proteína A1, con la leche con la proteína A2. El ensayo examinó los comportamientos de 45 participantes sanos en Shanghai, China, que se habían auto diagnosticaron con la intolerancia a la lactosa. China fue seleccionada a propósito debido a su alta prevalencia de intolerancia a la lactosa en el país. En conclusión, el estudio demostró que la leche de vaca común causaba hinchazón, mientras que las personas que bebían la leche con la proteína A2 no experimentaron ninguno de los síntomas.

El autor colaborador del estudio, el profesor asociado Xia, gastroenterólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Shanghai Jiaotong, y Profesor Adjunto de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, dijo: «Estos son resultados significativos para los que creen que sufren de intolerancia a la lactosa. La investigación sugiere que la leche sólo contiene la proteína de tipo A2 (A2 beta-caseína) tiene una afinidad natural con el cuerpo humano y la digestión.

La inflamación intestinal causada por la proteína de tipo A1 se puede evitar mediante el consumo de productos lácteos que tengan solamente la proteína de tipo A2.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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