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El Queso Suizo se remonta a la Edad del Hierro

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Los arqueólogos han descubierto evidencia de que la fabricación de queso suizo se remonta a tiempos prehistóricos, abriendo el camino para manjares como Gruyere y Emmental.

Los arqueólogos han descubierto evidencia de que la fabricación de queso suizo se remonta a tiempos prehistóricos, abriendo el camino para manjares como Gruyere y Emmental.

Un equipo internacional dirigido por la Universidad de York y la Universidad de Newcastle examinó la composición de residuos que quedan en fragmentos de vasijas de cerámica encontradas en seis yacimientos en los Alpes suizos.

Los fragmentos de cerámica eran conocidos hasta la fecha desde el Neolítico hasta la Edad del Hierro. Los investigadores encontraron que los resiudos eran del primer milenio antes de Cristo – la edad de hierro – tenían las mismas características químicas asociadas con calentar la leche de animales tales como vacas, ovejas y cabras, como parte del proceso de fabricación del queso.

Los fragmentos de cerámica examinados como parte de este estudio fueron encontrados en las ruinas de edificios de piedra similares a los utilizados actualmente para la maduración de queso durante los meses de verano.

Aunque no existe evidencia anterior de fabricación de queso en los entornos de las tierras bajas, hasta ahora prácticamente nada se sabía acerca de los orígenes de la fabricación del queso en altura debido a la mala conservación de los sitios arqueológicos.

El equipo de investigación concluye que el desarrollo de la producción lechera alpina se produjo casi al mismo tiempo de un aumento de la población y crecimiento de los cultivos herbáceos en las tierras bajas. La presión resultante en los pastos del valle obligó a los pastores a llevar su ganado a elevaciones más altas.

Francesco Carrer, investigador asociado en la Facultad de Historia Clásica y Arqueología de la Universidad de Newcastle, dijo: «Incluso hoy en día, la producción de queso en un entorno de alta montaña requiere un esfuerzo extraordinario, por lo que los pastores prehistóricos habrían tenido que tener un conocimiento detallado de la ubicación de los pastos en los Alpes, ser capaces de hacer frente a un clima impredecible y tener los conocimientos técnicos necesarios para transformar la leche en un producto nutritivo y almacenable.

Hoy en día, la producción de leche alpina es una industria multimillonaria y una importante tradición cultural en algunas partes de Francia, Suiza e Italia. Quesos alpinos como Emmental, Gruyere y Raclette son reconocidos internacionalmente por los siglos de viejas recetas y los métodos tradicionales que intervienen en su producción.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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