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Promueven las mangas ganaderas asociativas en Chile

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Hasta el sector Los Yuyos, en Colliguay, comuna de Quilpué, Región de Valparaíso, en Chile, llegaron ganaderas y ganaderos de esa localidad rural, además de autoridades locales y regionales, para inaugurar la segunda etapa de la manga ganadera asociativa, que correspondió a la implementación de un techo a dos aguas de 20 metros lineales que aportará con la protección frente a las condiciones climáticas como la lluvia o el exceso de sol. Además, habrá un mejoramiento de corrales, con puertas metálicas reforzadas y cierres perimetrales, que ayudarán a generar un entorno más controlado y seguro.

Los productores del sector realizan los manejos sanitarios de sus animales en el sector llamado La Media Luna, donde en 2025 se implementó una manga ganadera de última generación. A pesar de esto, tenían dificultades para el trabajo con el ganado por las condiciones climáticas, lo que se resolvió con esta segunda etapa que permite mayor bienestar animal a través de un entorno protegido.

Una manga ganadera corresponde a un pasillo estrecho y alargado (hecha en materiales resistentes como metal o madera) que sirve para manejar, contener y guiar al ganado hacia un punto de trabajo para tareas sanitarias, minimizando el estrés animal y optimizando la seguridad y eficiencia del trabajo para el operario.

Labores sanitarias

Esta segunda etapa fue financiada a través de un PDI (Programa de Desarrollo de Inversiones) en el que INDAP cubrió el 90% de la inversión, que en total fueron 10 millones de pesos. El otro millón restante fue cubierto con el aporte de los ganaderos.

Al respecto, Gerardo Verdugo, director (S) de INDAP Valparaíso, señaló que “es parte de nuestra tarea facilitar la vida de los pequeños agricultores y agricultoras, y al tener esta infraestructura es más fácil para ellos realizar las labores sanitarias de sus animales. Conozco a los ganaderos y ganaderas de Colliguay, sé los sacrificios y el esfuerzo que hacen para desarrollar estas labores, y esto les va a facilitar mucho la vida”.

Los beneficiarios directos de este proyecto son 25 ganaderos y ganaderas de la zona, a los que se suman 8 usuarios y usuarias del Programa de Desarrollo Local (Prodesal), que se ejecuta entre INDAP y la Municipalidad de Quilpué.

Jorge Arancibia, representante de los ganaderos de Los Yuyos, se mostró muy contento ante la inauguración: “Nos hacía mucha falta, porque la verdad es que teníamos un manga en muy malas condiciones. Sin el apoyo de INDAP era muy difícil hacer esto. Estoy muy feliz, muy contento, el apoyo es muy significativo para nosotros”.

En la ceremonia de inauguración participaron también el representante de la agrupación de ganaderos de la zona, Jorge Arancibia; miembros de la junta de vecinos; las hilanderas de Colliguay; profesionales del Prodesal de Colliguay, así como funcionarios de INDAP y de la Municipalidad de Quilpué.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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