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Programa Hemisferico de Erradicación de la Fiebre Aftosa (PHEFA)

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Desde la creación del Centro Panamericano de Fiebre Aftosa (PANAFTOSA) como parte de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), se ha desarrollado una actividad coordinada de planificación, investigación, transferencia de tecnología, capacitación y evaluación de estrategias sanitarias para el control y erradicación de la FA de las Américas. 

El Plan aparece como consecuencia directa de la toma de conciencia de lo oneroso que resultaba convivir con la fiebre aftosa y en particular, de la percepción de la importancia estratégica de erradicar la fiebre aftosa en la medida que disminuye las pérdidas económicas directas pero, especialmente, en aquellos países con saldos exportables significativos, las derivadas de la imposibilidad de acceso a un sector importante del mercado de carnes (Astudillo, 1992).

Objetivos generales

El Programa propone los siguientes objetivos generales: aumentar la disponibilidad de carne y leche para los habitantes de la Región; incrementar la eficiencia económica y social de la actividad ganadera a través del mejoramiento del costo de oportunidad de la inversión pública en salud animal y de la inversión privada en ganadería, teniendo siempre como referencia el concepto de desarrollo sostenible que no comprometa el medio ambiente; eliminar un importante factor que limita el potencial de la inversión tecnológica (genética, alimentación y manejo); ampliar el poder de negociación del producto ganadero en el mercado internacional, y como objetivos específicos aparecen:

  • erradicar la fiebre aftosa del continente sudamericano;
  • prevenir su introducción en áreas libres;
  • prevenir la introducción de fuentes de virus de fiebre aftosa y otros patógenos exóticos en las nuevas áreas de colonización ganadera, especialmente la región amazónica, al mismo tiempo que respetar la integridad ecológica de esas áreas.

Una de sus primeras manifestaciones concretas del Programa fue la firma del proyecto regional para la erradicación de la fiebre aftosa en la Cuenca del Río de la Plata en junio de 1987. Los programas nacionales y regionales comenzaron a adoptar nuevos modelos de administración siguiendo las directivas de incorporación y participación de la comunidad, regionalización de las acciones y fortalecimiento de las acciones a nivel local. Jerárquicamente el Programa depende de la Reunión Interamericana de Salud Animal a Nivel Ministerial y tiene como organismo rector al Comité Hemisférico de Erradicación de la Fiebre Aftosa, integrado por un representante de uno de los gobiernos y uno del sector productivo ganadero de cada una de las regiones(Astudillo, 1992).

Otra instancia de planificación y evaluación, específica para el área libre, es la Comisión de los Países Libres de la Fiebre Aftosa, que opera a través de dos subcomisiones: la de países de Norte y Meso América y la del Caribe de habla inglesa y que tiene entre sus objetivos coordinar y promover los programas de prevención en estas áreas, así como apoyar el desarrollo de los sistemas de vigilancia para evaluar sistemáticamente el riesgo de introducción del virus a dichas áreas.

Actividades

Las actividades del Plan relacionadas al área endémica, son planificadas y evaluadas a través de la Comisión Sudamericana para la Lucha contra la Fiebre Aftosa la que reúne anualmente a los directores de salud animal de los países de América del Sur.

La ejecución del Programa se distribuye en tres grandes niveles: un plan regional, los proyectos subregionales y los programas nacionales de salud animal El conocimiento sobre las modalidades regionales de comportamiento de la enfermedad antedicho,permitió dividir el Continente en tres grandes áreas.

CONO SUR: Cuenca del Plata; que comprende Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y los estados de Brasil de Río Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná

ÁREA ANDINA: Conformada por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela, aunque algunos sectores de estos países están incluidos en el Area Amazónica Cuenca del Plata; que comprende Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y los estados de Brasil de Río

ÁREA AMAZÓNICA Y BRASIL: Integrada la primera por Guyana, Guayana Francesa, Suriname, el departamento de Pando en Bolivia, Loreto y Madre de Dios en Perú, Amazonas, Vaupés y Guainia en Colombia, los estados de Bolívar y Amazonas en Venezuela y la región amazónica del Brasil con los estados de Acre, Amazonas, Roraima, Pará, Amapá, Rondonia, Mato Grosso y Tocantins. Por su parte el Brasil no Amazónico abarca los estados de Maranhão, Piauí, Ceará, Río Grande do Norte, Paraíba, Pernambuco, Sergipe,Alagoas, Bahía, Espírito Santo, Minas Gerais, Rio de Janeiro, São Paulo, Goiás y Mato Grosso do Sul. (Organización Panamericana de la Salud, 1988).

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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