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Precios de Productos Lácteos en su Nivel más Bajo de los Últimos 6 Años

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La bajada de productos lácteos y aceites vegetales llevan al índice a mínimos desde septiembre de 2009. El índice de precios de los productos lácteos se redujo en julio debido principalmente a una menor demanda de importaciones de China, Oriente Medio y África del Norte y una abundante producción en la UE.

Los precios de los principales productos alimentarios llegaron en julio su nivel medio mensual más bajo desde septiembre de 2009, con fuertes bajadas en los precios de productos lácteos y aceites vegetales que compensaron con creces algunos aumentos del azúcar y los cereales. Los precios de la carne, por su parte, se mantuvieron estables.

El índice de precios de los alimentos de la FAO tuvo un promedio de 164,6 puntos en julio, un descenso del 1,0 por ciento respecto a junio y hasta un 19,4 por ciento respecto al año anterior.

Se trata de un índice ponderado en base a los intercambios comerciales que hace el seguimiento de los precios de los cinco principales grupos de alimentos básicos en los mercados internacionales: cereales, carne, productos lácteos, aceites vegetales y azúcar.

En julio, el índice de precios de los productos lácteos se redujo un 7,2 por ciento respecto al mes anterior, debido principalmente a una menor demanda de importaciones de China, Oriente Medio y África del Norte y una abundante producción de leche de la UE que se ha traducido en una buena disponibilidad de productos lácteos para la exportación.

El índice de precios del aceite vegetal se situó en julio en un 5,5 por ciento por debajo de su nivel de junio, alcanzando su valor más bajo desde julio de 2009. Este descenso se debió principalmente a una caída de los precios internacionales del aceite de palma, debido al aumento de la producción en el sudeste asiático combinado con exportaciones más lentas -en especial de Malasia-, y un mayor debilitamiento de los precios del aceite de soja, debido a los abundantes suministros para la exportación en América del Sur y una perspectiva favorable para el suministro mundial en 2015/16.

El índice de precios de los cereales aumentó un 2,0 por ciento en relación a junio, pero estaba todavía un 10,1 por ciento por debajo del nivel de julio del año pasado. Por segundo mes consecutivo subieron los precios del trigo y el maíz -en parte debido a la meteorología desfavorable en América del Norte y Europa-, haciendo subir el índice de los cereales, a pesar de que los precios del arroz continuaron cayendo.

En julio, el índice de precios de la carne se mantuvo casi sin cambios respecto al mes anterior. Un aumento en los precios internacionales de la carne de vacuno compensó una disminución de la carne de porcino y ovino, mientras que los de aves de corral permanecieron estables.

El índice de precios del azúcar se incrementó en un 2,5 por ciento respecto a junio de 2015, en gran parte debido a unas condiciones de recolección que no fueron óptimas en Brasil, la principal región productora.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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