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México, Perú e Israel interesados en sumarse a Estados Unidos en compra de carne ovina con hueso uruguaya

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Conferencia de prensa en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca
El director de Servicios Ganaderos, Eduardo Barre, indicó que esa repartición es la encargada de habilitar, registrar y controlar los establecimientos de compartimentos ovinos libres de aftosa sin vacunación en Uruguay. Tres están en funcionamiento y otros cinco con la solicitud presentada. Esa producción diferenciada permitió exportar carne ovina con hueso a Estados Unidos y hay pedidos en trámite de México, Perú e Israel.
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“La Dirección General de Servicios Ganaderos habilitará, registrará y controlará establecimientos dedicados a compartimentos ovinos libres de aftosa sin vacunación, según resolución del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca”, informó Barre, en la conferencia realizada el miércoles 19 en la sede ministerial, tras finalizar la etapa piloto para comenzar la fase comercial.

Barre detalló que la resolución cuenta con tres fases fundamentales. La primera consiste en que el productor o institución presente el lugar físico para instalar el compartimento, de manera que la dirección oficial realice el estudio de riesgo.

La segunda radica en analizar el diseño de la infraestructura con ciertas características —las principales son el doble alambrado y áreas sucias y limpias— y la tercera, en el funcionamiento con los animales que provengan de establecimientos aptos sanitariamente y que posean caravanas de trazabilidad electrónica.

El funcionario destacó que esos compartimentos permitieron que Uruguay estuviera habilitado desde setiembre de 2017 a exportar carne ovina con hueso a Estados Unidos, mientras que se tramitan solicitudes desde México para comprar ovinos adultos y desde Perú e Israel para importar carne con hueso. También se han recibido consultas al respecto de países europeos.

“No existen topes en la cantidad de compartimentos, pero hay que cuidar esa herramienta, ya que costó mucho trabajo demostrar al mundo que se podía hacer a cielo abierto”, manifestó Barre, quien anunció que están en trámite cinco solicitudes, dos de ellas en Salto y las otras en Cerro Largo, Treinta y Tres y Soriano.

Uruguay dispone de tres compartimentos. El primero se implementó en 2014 en Cerro Colorado, departamento de Florida, en una experiencia público-privada por parte del Secretariado Uruguayo de la Lana y el Ministerio de Ganadería. El segundo se encuentra en predios del Instituto Nacional de Colonización y es explotado por 30 productores familiares en San Gabriel, también en Florida. El tercero es privado y se ubica en Santa Leopoldina, en San José. El total de bovinos en esos predios alcanza a unos 3.000.

“Los predios de compartimento ovino cuentan con innovación tecnológica, conjuntamente con cuidados sanitarios, cuya finalidad es elaborar productos diferenciales cárnicos que permitan abrir mercados internacionales según la normativa de la Organización Mundial de Sanidad Animal”, expresó el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Enzo Benech.

Esa reglamentación exige poseer una muestra de sangrado sin presencia de virus y que los ovinos se trasladen a un predio en condiciones de bioseguridad sanitaria, donde no estén en contacto con vacunos y sean sometidos a diversas formas de alimentación. Cuatro o cinco meses después, se podrán retirar hacia alguno de los dos frigoríficos habilitados para enviarlos a Estados Unidos.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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