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La Sequía en Nueva Zelanda Impulsa el Precio de los Lácteos, Especialmente los de la Leche Entera en Polvo

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Las condiciones de sequía en Nueva Zelanda han sido quizá el principal factor que viene determinando la mejora en los precios de la plataforma Global Dairy Trade, la conocida como subasta de Fonterra, principal referencia de precios a nivel internacional.

Según estimaciones de la Bolsa de Valores de Nueva Zelanda, se espera una caída de producción de -1,5% para este país. Hacia fines de 2017 hubo sequía, luego las lluvias de enero fueron escasas y se han sumado las altas temperaturas.

Sin embargo, la caída de la producción de leche en Nueva Zelanda va a estar más que compensada por los incrementos en la Unión Europea. Por lo tanto, la mejora de precios de los commodities lácteos va a estar ligada a aquellos que se producen principalmente en Nueva Zelanda.

La leche en polvo entera es la que tiene más chances de mejorar los precios, dado que el 50% del comercio internacional de leche en polvo entera tiene origen en Nueva Zelanda. Pero, el sostenimiento y aumento del precio de este producto en lo que va de 2018 es consecuencia de la situación climática de Nueva Zelanda.

Para los demás commodities lácteos, la influencia del crecimiento de la producción europea está ejerciendo presiones a la baja en sus precios. Esta presión va a continuar hasta que se reduzca la producción global de leche.

Los precios de la leche en polvo desnatada van a continuar bajos, dados los importantes stocks en Europa y EE.UU. La UE tiene 375.000 toneladas de leche en polvo descremada en stocks de intervención pública. Por su parte en EE.UU, a fines de noviembre los stocks fueron 40% superiores que un año atrás.

Cabe señalar que si bien la leche en polvo entera no es el foco de Europa, esta región se ha volcado más hacia este producto, debido al mejor precio que la leche en polvo desnatada, factor que podría estar ejerciendo presiones a la baja en el precio de la leche en polvo entera si no se produce un ajuste a la baja de la producción en Europa.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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