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La Mortalidad del Ganado por Rabia del Vampiro Común es Cuatro Veces Mayor a la Reportada en Perú

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Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Glasgow (Escocia, Reino Unido) y la Asociación para el Desarrollo y Conservación de los Recursos Naturales de Perú ha desvelado que la mortalidad del ganado bovino debida a la rabia transmitida por el vampiro común (‘Desmodus rotundus’) en Perú es cuatro veces mayor a la reportada oficialmente. El trabajo, publicado en ‘PLOS Neglected Tropical Diseases’, apunta que más de 500 reses mueren al año de rabia en el país, lo que genera unos costes asociados de entre 148.000 y 206.000 dólares.

La rabia es una de las tres enfermedades endémicas más importantes de América Latina. El vampiro común es el mayor reservorio de rabia en el continente, y actualmente hay más casos de rabia humana ocasionados por la mordedura de este murciélago que por mordedura de perro. Los principales métodos de prevención son el sacrificio de murciélagos y la vacunación de humanos y ganado. Sin embargo, en los últimos años se ha producido una expansión geográfica de la rabia del vampiro común en Perú, lo que ha provocado una importante preocupación de salud pública. Además, es la enfermedad con el mayor número de casos de muertes reportadas en ganado.

Sin embargo, se desconocía la verdadera incidencia de la enfermedad en el ganado, la tasa de casos no reportados y los costes que les genera a los ganaderos. “Hemos tratado de estimar el coste de la rabia en el ganado bovino del sur de Perú, identificado los factores que obstaculizan el reporte de la enfermedad y la vacunación de ganado por parte de los campesinos, y analizado el coste-beneficio de la vacunación de las reses”, explica a DiCYT Julio Benavides, investigador de la Universidad de Glasgow y responsable del estudio.

Para ello, se centraron en una región concreta en el sur de los Andes peruanos donde la rabia no está controlada. Aplicaron cuestionarios sobre la salud del ganado y el conocimiento de la rabia a ganaderos asentados en 40 comunidades, y estudiaron los reportes nacionales de brotes de rabia registrados en los últimos 11 años.

“Estimamos que la rabia afecta a por lo menos a cuatro veces más animales que los reportes oficiales, matando entre 505 y 724 animales en 2014 solo en las regiones afectadas, con un coste anual de entre 121.000 y 171.000 dólares, lo que supone un coste mínimo, siendo conservador, de 148.000 y 206.000 dólares al año en todo Perú”, destaca Benavides.

Por otro lado, comprobaron que la cobertura actual de vacunación, cercana al 80 por ciento en los distritos con casos de rabia confirmados, costó alrededor de 160.000 dólares a los ganaderos en 2014, lo que permitió ahorrar cerca de 800.000 dólares en posibles pérdidas. “También consideramos que vacunar 100 por cien de los animales es 1’7 veces más beneficioso, en términos económicos, que el actual porcentaje de vacunación y la mortalidad asociada al 20 por ciento de ganado no vacunado”, agrega el investigador.

La distancia a la oficina de notificación, un factor clave

Los investigadores determinaron que la distancia a la oficina de notificación es un factor primordial y no tomado en cuenta en el reporte de enfermedades, en este caso de la rabia. Asimismo, “la percepción de riesgo de la rabia por parte del campesino en su comunidad es un factor clave que determina si el campesino vacuna o no a sus animales, lo que es costeado por el propio campesino en Perú”, añade.

El trabajo concluye que la mayoría de las pérdidas ocasionadas por la rabia afectan a campesinos pobres de la zona Andina. “Aumentar la vacunación del ganado es el método más efectivo en términos económicos comparado a la situación actual. Además, nuestras encuestas sugieren que campañas de educación que informen a los campesinos del riesgo de la rabia, sobre todo en zonas de riesgo donde se espera la llegada de la enfermedad y donde el nivel de vacunación es prácticamente nulo en estos momentos, podrían disminuir la mortalidad”, concluye.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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