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La Experiencia Paraguaya en Trazabilidad Bovina

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Calidad de origen la producción ganadera en el Paraguay dio grandes pasos, comenzando por su mejoramiento genético e implementando adecuadas surgidas del servicio nacional de calidad y salud animal (Senacsa), también el manejo apropiado de los establecimientos ganaderos y sus pasturas con el fin de incrementar su rendimiento.

Mediante el gran esfuerzo de los profesionales y productores durante la campaña de lucha contra la fiebre aftosa; la implementación de la Educación Sanitaria; de laboratorios de producción y control de vacunas; estrategias a nivel de campo: trabajo conjunto entre productores y autoridades del SENACSA, Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), en trabajo Interinstitucional y coordinado el Paraguay adquirió prestigio en lo que respecta a la calidad de su producción cárnica.

La trazabilidad, es una herramienta técnica moderna, implementada actualmente en el Paraguay, mediante la cual se registra cómo, quién, cuándo y dónde se realizó la vacunación. Con la implementación del Sistema Informático Gestión de Oficinas Regionales ( SIGOR) por parte del SENCASA, la información se encuentra disponible en tiempo real facilitando las tareas de registro y certificación.

A través de la trazabilidad, también se registra el origen y procedencia del ganado vacuno. Es una metodología de registro que remite para tener información sobre la aplicación de normas de control y certificación de los productos de origen animal y vegetal acorde a la legislación vigente.

El registro del origen y de la historia de producción del ganado bovino garantiza al comprador o consumidor el conocimiento de los procesos realizados en los animales, los elementos utilizados; ubicación de origen y destino de los mismos por medio de códigos registrados y fáciles de interpretar.

El objetivo de la trazabilidad es poder obtener de forma inmediata y precisa la información del alimento que está en el mercado, a lo largo de toda la cadena alimentaria hasta llegar al consumidor.

Estas acciones se viene implementado, en el ámbito de los productos cárnicos, donde los diferentes mercados exigen normas sanitarias y técnicas productivas a los proveedores, las cuales se deben cumplir para poder acceder a los mercados internacionales.

La capacitación de los productores pecuarios en todo el ámbito de la producción ganadera permite el desarrollo de nuevas actividades productivas con otra especie de animales, lo que amplía el horizonte de producción, dando mayores oportunidades a pequeños y medianos productores.

El desarrollo de estos conocimientos permite orientar a los productores en el uso de las nuevas herramientas competitivas utilizadas tanto en el mercado nacional como en el internacional.

Esto permite al productor minimizar riesgos que pueda prevenirlos desde el establecimiento de origen o finca de producción hasta el destino final, que es el consumidor, durante todo el proceso de productivo implicando propietario, lugar del establecimiento ganadero, nacimiento, vacunación, alimentación, movimiento del ganado, faena, frigoríficos, hasta llegar a su comercialización.

Muchos países ya han implementado este sistema de control de calidad para productores. La producción certificada posibilita conocer el producto comercializado lo que favorece al productor y al consumidor.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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