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Combatiendo las Moscas del Establo en los Pastos

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Investigadores norteamericanos del ARS han desarrollado varios nuevos métodos de combatir la mosca del establo, el cual es el artrópodo plaga más perjudicial del ganado vacuno en EE.UU.

Científicos del Servicio de Investigación Agrícola de los EE.UU (ARS) están desarrollando estrategias para ayudar a los productores del ganado a controlar las moscas del establo, las cuales son los artrópodos plagas más perjudiciales en el ganado vacuno en EE.UU.

Una evaluación del impacto económico de estas plagas por científicos en la Unidad de Investigación del Manejo del Agroecosistema (AMRU por sus siglas en inglés) mantenida por el ARS en Lincoln, Nebraska, tomó en consideración cuatro tipos de producción en su estudio: producción del ganado lechero, de la vaca y el ternero, del ganado que se alimentan en el pasto, y del ganado que se alimentan en el pienso.

Ellos descubrieron que las moscas del establo cuestan el sector del ganado vacuno más de 2,4 miles de millones de dólares anualmente. Las pérdidas resultan de reducciones en la producción de leche en el ganado lechero, reducciones en aumentos del peso en el ganado vacuno, y reducciones en la capacidad del ganado vacuno de convertir el pienso en la carne.

Las moscas del establo son un problema no sólo en los establos y corrales, sino también en los pastos. Entomólogo David Taylor y sus colegas en AMRU demostraron que el problema es causado en parte por las grandes balas del heno que se ponen en los campos como una fuente adicional de alimento para el ganado vacuno durante el invierno. La acumulación del heno desperdiciado, el estiércol, y la orina en estos sitios de alimentación crea un hábitat ideal para el desarrollo de las larvas de las moscas del establo.

Para encontrar un método fácil, rápido y económico de controlar las moscas del establo, Taylor probó el producto químico llamado ciromazina, el cual es un regulador del crecimiento que impide la muda e inhibe el desarrollo normal del esqueleto externo del insecto. Una sola aplicación del ciromazina granular espolvoreado en un sitio de alimentación con el heno redujo el número de moscas adultas del establo que emergieron por el 97 por ciento. Se puede aplicar el tratamiento en aproximadamente 10 minutes. El tratamiento cuesta 10 dólares por sitio, y su eficacia continúa de 10 a 20 semanas.

Otros métodos posibles de controlar las moscas incluyen la estrategia de «empujar y tirar», según entomólogo Jerry Zhu en la AMRU. «Empujar» involucra repeler a las moscas del establo o otras moscas, tales como las moscas domesticas y las moscas de los cuernos, lejos del ganado con una sustancia repelente. Los productos químicos basados en las plantas que tienen un bajo nivel de toxicidad, tales como los compuestos en la menta de gato, están siendo usados como tratamientos experimentales. «Tirar» involucra el desarrollo de cebos o el uso de sustancias naturales asociadas con el ambiente de las moscas del establo para atraer y atrapar las moscas.

Hasta la fecha, Zhu y sus colegas con el ARS han desarrollado varias formulaciones del aceite de la menta de gato para reducir las poblaciones de las moscas del establo. En colaboración con la empresa Microtek Laboratories, Inc., de Dayton, Ohio, los investigadores están probando una versión granular del compuesto de la menta de gato que puede prevenir a las moscas de poner sus huevos.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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