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La Experiencia de Guatemala en Crianza de Búfalos

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Han pasado 31 años desde que se introdujeron los primeros ejemplares de búfalos de agua a Guatemala, con propósito de crianza, y ya se han convertido en un opción para proveer productos cárnicos y lácteos a la población, en especial en temporadas como la actual, cuando el precio de la carne de res se ha incrementado.

Sucel Molina, administrador de la finca Rama Blanca, resaltó que la producción de leche de esa asociación varía entre dos mil y dos mil 500 litros diarios, que son distribuidos en restaurantes e industrias lácteas de la capital, y Antigua Guatemala, Sacatepéquez.

Alta Producción

En cuanto a la producción cárnica, es de 10 mil libras por semana y se vende en restaurantes exclusivos. Además, se tiene un rastro en Fraijanes, Guatemala, en el que se procesa de manera industrial y se distribuye a la cadena de tiendas Walmart en el país.

Sucel Molina, contó que se han llegado a tener hasta siete mil búfalos, pero en la actualidad solo cuentan con mil 151 cabezas.

Su producción es de dos mil 200 libras de carne y 500 litros de leche por día, que comercializan en restaurantes de la capital y en la empresa de lácteos Las Palmas.

Agregó que también distribuyen en diferentes negocios de La Gomera, y elaboran productos lácteos y embutidos. También abastecen de ese ganado a finqueros que se interesan en este ganado.

Detalló que hay 16 clases de búfalos a escala mundial, pero en Rama Blanca se manejan solo las razas Murrah, por su alta producción de leche, y Mediterránea, porque es más alta y robusta, con lo que rinde más la carne. Hacen cruces de las dos razas para obtener ambas cualidades en una sola, añadió Molina.

Roberto Sánchez, trabajador de la finca, comento que el búfalo es un animal dócil, a pesar de su corpulencia de aspecto temible. “Son curiosos, tímidos y casi nunca agresivos”, señaló.

Refirió que estos animales se adaptan a pastar, incluso en zonas inundadas. Además, alcanzan un peso ideal para la venta, más rápido que el ganado vacuno.

El Primer Hato

  • El búfalo de agua es de origen asiático, pero a Guatemala los primeros ejemplares fueron traídos desde Trinidad y Tobago, en 1983.
  • Milton Enrique Molina (q.e.p.d.), quien fue propietario de la finca Rama Blanca, trajo 10 búfalos hembras y un macho, luego de conocer sobre las bondades de este ganado durante una de sus visitas a fincas de ese país.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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