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¿Cómo se previene la Rabia Paralítica Bovina?

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En beneficio y protección del patrimonio de los pequeños ganaderos guatemaltecos, durante los primeros tres meses de 2024 se han destinado un total de 21,500 dosis de vacunas para prevenir la rabia paralítica bovina, las cuales evitan que la enfermedad afecte gravemente al ganado.

Estas dosis, proporcionadas por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación de Guatemala (MAGA) del país centroamericano, son aplicadas en jornadas especiales por médicos veterinarios del Viceministerio de Sanidad Agropecuaria y Regulaciones (VISAR), en colaboración con los extensionistas de las diferentes sedes departamentales.

La distribución de las vacunas se ha realizado de manera estratégica, considerando los posibles focos de infección en distintas regiones del país. En este sentido, se entregaron 500 dosis en ciudades como Alta Verapaz, 2,000 en Baja Verapaz, 8,000 en Petén, 3,000 en Quiché, 5,000 en Santa Rosa y 3,000 en Zacapa. Estas acciones buscan prevenir la propagación de la enfermedad y proteger la salud del ganado.

Además de la entrega de vacunas, el MAGA brinda asistencia técnica y recomendaciones para el adecuado manejo del ganado, con el objetivo de minimizar los riesgos de contagio y garantizar la salud de los animales.

A la fecha, se han registrado tres casos positivos de rabia paralítica bovina, uno en Petén y los otros dos en Baja Verapaz y Alta Verapaz. Es importante destacar que anualmente se suelen reportar entre 16 y 24 casos positivos de esta enfermedad, lo que evidencia la importancia de las vacunaciones y otras medidas de control.

La rabia paralítica bovina es transmitida principalmente por el murciélago vampiro Desmodus rotundus, cuya presencia en las cercanías de los potreros representa un riesgo para el ganado. Por ello, se insta a los productores ganaderos a tomar medidas preventivas mediante la vacunación y a la vez mantener la vigilancia constante sobre la salud de sus animales, en constante coordinación con las autoridades sanitarias del país.

 

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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